¿No a las drogas?

El punto no es despenalizar o legalizar “las drogas”. Son muchas las voces que hoy claman por ello, en contextos muy diversos, donde la marihuana aparece representando esta moda o esta necesidad. La “guerra contra las drogas ha fracasado”, se ha vuelto una frase recurrente, en muchos lugares, y discursos como el del líder del partido Liberal Democrático de Inglaterra, Norman Lamb, aseguran que sólo ha servido para llenar los bolsillos de los carteles, sin conseguir resultados halagüeños en la prevención y rehabilitación del consumo de tóxicos.

No es necesario ir tan lejos para convenir en ello…, pero es preciso afinar el foco de la discusión.

Recordemos que debe entenderse por “droga”, cualquier sustancia que interactúe con el sistema nervioso central, con diferentes grados de precisión en el efecto deseado y -por tanto- diverso impacto colateral en el organismo, incluyendo por cierto su toxicidad.

Aún mucha gente asocia el vocablo “drogas” sólo a las sustancias tóxicas ilegales que generan dependencia en quienes las consumen, en circunstancias de que éstas constituyen apenas un  muy escaso porcentaje en una larga lista, no siendo ni de lejos las que causan el daño mayor en la población.

Si una sustancia tóxica está absolutamente al alcance de cualquier persona que decida consumirla, ¿cuán importante es que la misma sea legal o ilegal?

¿Cuánto gasta un Estado en campañas para disminuir o evitar el consumo de alcohol?.

¿Y cuánto en horas/persona en edad productiva, perdidas por muerte o incapacidad tempranas asociadas directamente a su consumo?

¿Y los elevados presupuestos para levantar alguna cobertura de prevención terciaria, para personas ya con daño moderado y severo asociado al consumo de diversos tóxicos, legales o ilegales?

Es claro que la enorme campaña de legalización/despenalización del cannabis sativa es, cuando menos, una cortina de humo que distrae con un pretendido dejo libertario y progresista, de asuntos mucho más serios y oscuros, en los cuales las Élites no quieren que los ciudadanos comunes husmeemos. 

Si el etanol en sus mil presentaciones de color, sabor, gradación, envase, propaganda y otras características de las “bebidas alcohólicas”, que constituyen por lejos la sustancia tóxica de mayor prevalencia y causa los mayores daños individuales y sociales, es perfectamente legal, parece ridículo perseguir el uso de la marihuana en nuestras legislaciones.

Es verdad que cuando se legalice esta última, se generará un notable aumento de su uso en un espectro amplio de la población, como ocurrió tras el término de la “ley seca” en Estados Unidos en los 1920’s, generando un negocio billonario que hasta hoy beneficia a ciertos grupos poderosos y a los Gobiernos en todo el mundo.

Mas el punto NO es si debemos legalizar…

Las personas no sufren porque consumen sustancias tóxicas: ellas consumen sustancias tóxicas porque están sufriendo.

El fracaso mayor de los Estados y sus sucesivos gobiernos -de cualquier color- es no haber sido capaces de cuidar a sus naciones. Es no haber permitido su desarrollo y su realización personal y social, con lo que el afán de auto infligirse daño hubiese descendido de manera dramática, sin duda alguna.

Las sustancias tóxicas, y muchas otras formas de hacerse y de hacer daño, están y siempre han estado disponibles para los humanos, por ello la verdadera discusión no es pretender dificultar su acceso a una o dos de las primeras, intento que está probadamente fracasado. 

Si aún existe voluntad y energía en suficientes personas, invirtámoslas en poner en la agenda de la Administración la demanda por protección verdadera de la infancia y adolescencia, así como de toda la ciudadanía.

 

Carlos Ramón.

(del 13/6/2015)