Pacifismo y Activismo, una ecuación necesaria.

Pacifismo, no pasividad. Activismo, no violencia.

He invertido mucho tiempo en dilucidar mi propio conflicto entre la necesidad de expresarme en relación a lo que percibo del mundo en que vivo, por una parte, y la sensación de incurrir en arrogancia al pretender que mis expresiones puedan servir de algo a alguien más, que puedan hacer una diferencia.

Uno de los conceptos que he aprendido en torno al Principio Biocéntrico y -particularmente- en la práctica de Biodanza, se refiere a la expresión humana. He integrado en mi acervo personal al día de hoy, el doble valor que el ejercicio de la expresión de toda persona tiene.

El primer valor es el intento cotidiano de ser consecuente en el hacer, con aquello que constituye el espacio interior del ser; osar mostrarse cada quien, tal como viene siendo en un momento determinado de su devenir, de modo de aquilatar así la forma y el volumen de sí mismo, de la persona que se ha construido hasta este instante.

El segundo valor de la expresión humana es la dinámica existencial que ella genera en el entorno social del que cada persona forma parte. Esto es así, puesto que junto a la necesidad que tengo de construir mi identidad y mostrarme al mundo con mi particularidad, tengo también el derecho -me atrevo a decir- de enriquecerme con la expresión ontológica de cada una de las otras personas que constituyen el entorno en el que vivo.

La propia identidad no termina en el ámbito individual, sino que se forma y fortalece en la interacción con los semejantes y todo aquello que nos rodea. De modo que mi expresión, el mostrar aquél ethos caracterológico que vengo construyendo como propio de mí, es un ejercicio necesario y valioso, tanto para mí como para quienes me rodean, del mismo modo que necesito y me nutro de la expresión de aquellos. 

Esta reflexión me devolvió la paz luego de la travesía por aquél conflicto que parto mencionando, permitiéndome elaborar y asumir los conceptos en los que creo, con los que puedo presentarme al día de hoy ante mis semejantes.

Siento que no puedo ni debo permanecer impasible ante las graves circunstancias que hemos venido creando en nuestra forma de vivir, en Chile y en el mundo.

Asumo mi corresponsabilidad en este desastre que experimentamos como Nación chilena, por cuanto soy un ciudadano más de ella y, al expresarlo, me dispongo a reparar mi falta y a ponerme en acción para colaborar en el gran proceso de sanación nacional que necesitamos con urgencia.

Me sumo al esfuerzo pacífico -esto es, inteligente- de reconciliación de todo ciudadano y toda ciudadana que haya decidido hacerlo, para comenzar a construir una comunidad nacional que -creo- nunca ha existido. 

Las diatribas, insultos y descalificaciones que llenan las redes sociales y aún los medios de  difusión masivos, sólo tienen valor para aquellos que desde las sombras perpetúan la animadversión y desconfianza que nos estancan y destruyen.

Todo activismo, entendido por mí como voluntad de actuar en función de mejorar nuestra condición presente, debe necesariamente ser pacífico. Pacífico y activo. Pacífico e implacable, movido desde la comprensión que surge del amor y no desde la mera obediencia que surge del miedo.

Es desde aquí que comparto la idea de democracia verdadera, aquella a la que tanto temen propios y extraños. Algunos por perder posiciones de poder obtenidas ilegítimamente, otros por verse sometidos a mirar de frente a sus pares, para conversar y comenzar a construir.

Somos los y las habitantes del territorio, quienes debemos y podemos organizarnos y gobernarnos, como he sostenido una y otra vez. No tiene sentido y está quedando fuera de la historia el infantilismo de pretender que alguien más lo haga por nosotros.

Ni el poder económico ni el cartel político. Ni religión ni sistema de pensamiento alguno que se erija en representante de nosotros e incluso en salvador nuestro.

El esquema piramidal no sirve como estructura de organización social, aunque haya sido usado desde la noche de los tiempos hasta esta hora. Los resultados son hechos y están ahí para quien quiera verlos. El sistema de organización vertical se fundamenta en el miedo y en el desprecio por los semejantes.

En cambio, una red formada por sus millones de nodos -cada uno de nosotros- exige sostener la mirada y releva la propia dignidad humana de todos, sin excepción. Una organización reticular implica necesariamente luz y no la oscuridad de los intersticios piramidales. Necesitamos luz para sostener la mirada y expresarnos los unos y los otros, ya no por imposición desde el miedo, sino por la propia voluntad, desde el amor. Luz, finalmente, para conquistar la transparencia que necesita nuestra organización ciudadana para ser legítima, de una buena vez.

Descentralización?

Decisiones gubernamentales como la informada hoy en un periódico masivo de Chile muestran descarnadamente de qué va esto de “la descentralización” de la gestión administrativa del país.

Me sorprende la naturalidad con que la clase dirigente supone que los chilenos y las chilenas debemos aceptar como normal el ser tratados como una masa de personas más ignorantes e incapaces que quienes integran aquella, y a quienes se nos puede imponer desde el poder de una autoridad auto arrogada, la forma, el ritmo y el alcance de lo que aquella élite entiende por descentralización.

Está claro que las decisiones humanas están de ordinario motivadas por el interés económico, y así ocurre también en el férreo manejo centralizado de este joven país desde el primer día.

La grosera opacidad con que tradicionalmente la clase gobernante ha administrado los asuntos públicos de la Nación, sólo puede explicarse por el interés en obtener en el proceso ingentes recursos para su reducido grupo de influencia, lo que a su vez les permite perpetuarse en el control del poder que, en estricto rigor, pertenece al conjunto de ciudadanos y no a grupo alguno de entre ellos.

Los denominados gobiernos regionales en la acepción de los últimos años, han nacido con el retorcimiento propio de quienes desean en el centro del país, mantener por siempre el control sobre el territorio y sus habitantes. Un cargo con pocas funciones, con nula autonomía y presupuesto simbólico, que se espera sea ocupado como todos los demás cargos, por la misma clase política, en procesos llamados eleccionarios y que -la verdad sea dicha- sólo están reservados para los candidatos de la propia clase política y no de la ciudadanía.

Es el mundo al revés, donde los funcionarios, desde el Presidente de turno hacia abajo, se sienten y actúan como los dueños, una suerte de reyezuelos impostores que omitieron desde el día uno que son meramente mandatarios, es decir, funcionarios a cargo de tareas para las cuales la única verdadera autoridad, como lo es la Nación, debe exigirles debida cuenta, nominarlos y retirarlos en función de resultados esperados por esa única autoridad soberana.

El mundo al revés, también, en la percepción de la propia ciudadanía, que de modo inexplicable, entrega su autoridad a un pequeño grupo de entre ella y acepta con la cabeza gacha toda clase de abuso de quienes ella misma puso allí, una y otra vez.

No me interesa como ciudadano que el ejecutivo se digne trasladar un par de atribuciones a sus representantes en las regiones -que no los nuestros- pretendiendo así que creamos que existe un proceso de descentralización y desconcentración. Sólo considero serio y constructivo para Chile, que seamos nosotros, la gente, desde Arica hasta la Base Eduardo Frei Montalba, quienes comencemos de una buena vez a involucrarnos en la administración de nuestros asuntos, con toda la transparencia necesaria e indispensable para poder sostener un rumbo cierto y confiable.

La señal de la elección en Revolución Democrática.

No son aceptables las declaraciones de integrantes de otros partidos ante la escasa participación de afiliados a RD en la elección interna de este último. Más bien es oportuno reiterar que observamos cada vez con mayor nitidez el fenómeno del rechazo que muchísima gente viene haciendo al Diseño de organización política instalado por las élites nacionales desde siempre.

La democracia -también en Chile- continúa siendo una ilusión que, sin embargo, parece evidenciarse cada vez más, para beneficio de la Ciudadanía en algún momento del futuro próximo.

Ocurre que menos del 5% de la población adulta se encuentra inscrita en algún partido político y que la mayoría de éstos sólo pudo sobrevivir al proceso de reinscripción, gracias al ardid de permitir el registro a través de correo electrónico adjuntando una copia de la cédula de identidad, un medio muy poco verificable.

Aunque RD apenas convocó al 8% de sus militantes para su reciente elección interna, ello no es sino una dura confirmación de la tendencia, ya bien marcada en todas las últimas elecciones internas de diversos partidos, donde ninguno consigue convocar siquiera la mitad de su respectivo padrón, sino más bien entre el 10% y el 30% del mismo.

Que la alta abstención general de la población en todas las elecciones de los últimos años, sea corroborada en el corazón de la clase política del país, es decir, en las elecciones internas de quienes detentan ese escaso 5% de ciudadanos registrados en alguno de los 28 partidos, es una señal muy elocuente de que existe espacio para considerar, finalmente, la posibilidad de acometer un sistema de organización nacional realmente democrático, esto es, altamente participativo y -por tanto- verdaderamente representativo.

Venezuela nos deja ver algo.

Desde 1999 con Hugo Chávez y durante la gestión que inició Nicolás Maduro en 2013, el gobierno de Venezuela ha ocupado un lugar privilegiado en la prensa masiva mundial, con un desplazamiento cada vez mayor de la opinión instalada en la gente por quienes dirigen esos medios, hacia la noción de que aquél no es una democracia y, por tanto, hacia el rechazo y el aislamiento.

Y es claro para mí que Venezuela no tiene una democracia. Pero agrego que los demás países -entre ellos Chile- tampoco la tienen.

Y es claro para mí que Venezuela no tiene una democracia. Pero agrego que los demás países -entre ellos Chile- tampoco la tienen.

Comparto la percepción de que nuestras Naciones son gobernadas por oligarquías que administran los recursos disponibles -personas incluidas- priorizando sus propias ganancias y, es verdad, destinando una proporción de la riqueza al beneficio general, para así poder mantener por tiempo indefinido su Diseño de control y asegurar su negocio.

Venezuela no es una democracia, evidentemente, pero no por Chávez ni por Maduro, sino porque tanto ese país como todos los demás están manejados por ese Poder de Facto discreto, de alcance mundial y al que no le interesan los Estados Nación -como muestran los hechos- sino en la medida de que pueden mantenerlos bajo su control.

No es una novedad ni es algo que diga yo, por supuesto, que aquello que denominan democracia los mass media y el relato oficial de los diversos y sucesivos gobiernos, es sólo una mascarada, como la que permite que en Chile, Sebastián Piñera pueda ser puesto en la Presidencia por segunda vez, con los votos de apenas un 26% de las personas registradas en el padrón electoral, prácticamente la misma proporción con la que fue puesta Michelle Bachelet en el mismo cargo en 2014, también por segunda vez. 

No puedo menos que pensar que las personas puestas a cargo del gobierno de sus países, están allí porque aquel Poder de Facto discreto les ha permitido hacerlo. Con toda la parafernalia de una pseudo elección democrática o de una dictadura de cualquier signo. Todas tienen en común el que no son verdaderamente elegidas por la Ciudadanía.

El Diseño de la Élite para Venezuela de los últimos 20 años ha pasado por varias etapas, incluyendo la algarabía de muchos personajes visibles de la Oligarquía mundial, que celebraron por largo tiempo lo que se denominó la “Revolución Bolivariana”…, hasta nuestros días en que los vientos que sopla la misma Élite planetaria ha dejado caer a quienes antes aupó, tildando su régimen de “dictadura” o de “democracia devenida dictadura”. 

Esta caída en desgracia de Venezuela, por variadas causas bien atendibles, nos permite ver el juego de ese Poder de Facto. La implacable estimulación del divisionismo al interior de las Naciones con la farsa de “izquierda” y “derecha”, así como la administración de la animosidad entre Naciones. El vendernos la idea de que aquello no es una democracia pero que esto sí lo es. El usar su experimento de Estado fallido para infundir temor en otros Estados a caer también al mismo pozo.

Es el imperio del miedo, no sólo de las Naciones así abusadas, sino también de los propios abusadores.

Una Cultura Biocéntrica, en cambio, implica trasladar el eje de toda actividad humana hacia el respeto a la Vida. 

Implica alejarnos del polo del Miedo para acercarnos al polo del Amor y ello, lo sé muy bien, jamás vendrá desde ese Poder de Facto o Poder Real. En consecuencia nunca vendrá desde el Poder Formal o visible, el de los gobiernos de turno a través de la clase política.

Una verdadera democracia, reitero, implica participación plena de la Ciudadanía, puesto que sin ella -sin nosotros la gente- el concepto mismo de democracia no tiene sentido alguno.

Hacia un Movimiento Ciudadano por la Autodeterminación.

Un 95% de las personas mayores de edad en Chile no está inscrita en partido político alguno. No se trata éste de un colectivo homogéneo, claro está, sin embargo es una mayoría abrumadora y esto sí es necesario considerarlo un hecho político, en su acepción más amplia.

Estoy convencido de que un porcentaje significativo de esta cohorte está constituido por personas despiertas, que ya saben y reconocen ciertas verdades relativas a la vida dentro del territorio, entre las cuales me permito distinguir las siguientes:

El futuro es ahora.

1)          No tenemos una democracia. La Ciudadanía no escoge representantes y aquella parte de la población que acude a las urnas -siempre minoritaria- sólo sigue el juego de la oligarquía nacional, dándole un tinte de legitimidad a un sucedáneo de democracia, consistente en votar por alguno de los nombres que la clase política -instrumento de la oligarquía- selecciona y registra cada vez en la papeleta.

2)          El sistema de administración o gobierno de los asuntos públicos está controlado desde siempre por el poder fáctico. No por los Ciudadanos. Así, lo que podríamos denominar el Poder Real, más bien discreto, es una cosa y otra muy distinta es el Poder Formal visible, a cargo de la llamada clase política que funciona por y para aquél.

3)          No somos una Nación soberana. No lo fuimos como colonia de España y no lo somos desde 1818 hasta hoy. Una Nación soberana está formada por personas soberanas, esto es, que tienen y mantienen su libertad para decidir por sí mismas cómo quieren vivir y las estrategias para conseguirlo.

4)          La verdadera autoridad es la de las personas que constituyen la Nación, decidiendo por sí mismas, para sí y para la comunidad a la que pertenecen. Lo que conocemos como “autoridades” son en realidad meros funcionarios; conciudadanos ejerciendo funciones con mayor o menor mérito, a partir de la autoridad secuestrada a la Nación por una pequeña élite que constituye el Poder Real menos visible y que coloca en los cargos de la Administración -en medida muy significativa- a personas que  integran la clase política y sus allegados.

5)          Este estado de situación no es algo de lo que simplemente debamos quejarnos, como tampoco acudir a la culpabilización fácil de quienes aparecen en la primera línea como responsables. Lo cierto es que la responsabilidad de semejante diagnóstico es compartida por todos nosotros, por acción u omisión.

También estoy convencido de que en tanto Ciudadanos, hombres y mujeres nacidos en el territorio e inmigrantes legales que optan por vivir en él, podemos y debemos alcanzar la autodeterminación que, más que un derecho, es un deber y, quizá, nuestro principal desafío. Sin embargo, la misma condición de personas despiertas que nos permite darnos cuenta de ello, nos permite también colegir ciertas consideraciones necesarias para alcanzar ese soberano propósito, entre ellas las siguientes:

1)          Un Movimiento Ciudadano pacífico. A pesar de la obscena evidencia del uso indiscriminado de la violencia en el mundo -espectáculo ante el cual la noción de legalidad resulta ridícula- esta conducta jamás ha conducido al verdadero desarrollo humano, por estar reñida con el sentido mismo de humanidad. La violencia es con toda certeza una herramienta favorita del Poder Real o de facto en el mundo, para mantener controladas por el miedo, a las Naciones. La usa directamente y promueve también su uso indiscriminado por parte de las personas con tanta eficiencia que, incluso, calcula un cierto nivel de disidencia civil controlada en los diversos países, y de hecho espera que las personas comunes la utilicen como reacción, sabiendo que la fuerza de su sistema represivo es abrumadoramente superior y que aplastará sin misericordia toda iniciativa popular que ose  en su reclamo ir más allá del caos permitido.

Pues entonces, está meridianamente claro que un Movimiento Ciudadano genuino, es decir, generado desde la propia Ciudadanía y no artificialmente desde cualquier estructura manejada por la clase dominante, sólo podrá tener éxito si abandona conscientemente el uso de la violencia promovida por las élites, que saben muy bien que la agresividad es una cualidad humana necesaria y respetable que, sin embargo, degenera en violencia cuando una persona o un grupo de ellas experimenta el desquiciamiento provocado por la propia violencia recibida, en sus múltiples formas. El Movimiento Ciudadano que yo apoyo y al que invito, debe trabajar explícitamente este aspecto, para no incurrir en cualquier expresión violenta y, de ese modo, permitir que las grandes mayorías de Ciudadanos -que no quieren violencia- adhieran a él.

2)          Abandonar la tentación del caudillismo. El liderazgo puede ser ejercido de diversas maneras y -cual más cual menos- todos tenemos la capacidad de influir en nuestros semejantes, en la medida que conseguimos internamente coherencia y claridad en nuestras propias ideas y sentimientos. La comunidad humana no funciona linealmente sino en forma reticular y en feedback, de modo que ninguno de nosotros debe ni necesita tener sobre sí el peso de decidir por otras personas. El Movimiento Ciudadano que visualizo no debe ir detrás de uno de nosotros. Mucho menos debe aceptar una propuesta individual como propósito para movernos en grupo. El propósito debe surgir de la propia Ciudadanía, deliberando y consensuando los conceptos gruesos y luego los conceptos finos, con los cuales construir el modelo de sociedad que se siente y se desea mayoritariamente. Así, la convocatoria a generar Movimiento Ciudadano en dirección a la autodeterminación, no debe consistir en un programa acabado de administración o gobierno, pues entre personas adultas, iguales en dignidad, el “deber ser” sólo es legítimo si se construye entre todos.

3)          Transparencia de la gestión administrativa o de gobierno. Estamos tristemente acostumbrados a la opacidad en la gestión de “nuestras autoridades”, de cualquier signo. La sociedad misma -incluyéndonos- contribuye a la falta de transparencia al escuchar y recoger la profusa propaganda de los medios de difusión masiva, que bajo la directriz de las oligarquías normalizan actitudes y conductas que no son naturales, introduciendo usos y costumbres reñidos con la ética o el inefable sentido común. Todo el sistema socioeconómico de la Nación, por ejemplo, descansa en las contribuciones financieras de cada uno de nosotros, impuestas por una normativa legal y técnica hecha de acuerdo al criterio de los muy pocos, en la élite de turno. Sin embargo, quienes efectuamos esas contribuciones obligadas (!) no participamos en el mecanismo de recolección de esos recursos nuestros, ni mucho menos en la forma en que tales recursos serán usados.

De modo que, salvo excepciones muy específicas, un Movimiento Ciudadano para alcanzar la autodeterminación, por su propia naturaleza democrática participativa y responsable, sólo funcionará si mantiene iluminado ante la propia Ciudadanía, hasta el último rincón del sistema de administración.

4)          Participación Ciudadana en todo el territorio. El mapa del territorio chileno ya está  prácticamente definido, a resultas -como en todo el planeta- de los negocios que unos pocos han efectuado en el pasado y hasta ahora, de modo que resulta prudente y necesario remitirnos a esta delimitación territorial para referirnos tanto a la participación como a la representación. Personalmente, considero un grave error el sistema centralizado en que se medio administran los asuntos que competen a los habitantes en toda la extensión geográfica del país. Creo que la forma de administración de la Nación pudiese ser un tema central en el Programa que la Sociedad Civil organizada construya, una vez asumido el desafío de marras y, es un hecho cierto, que un Movimiento Ciudadano para la autodeterminación debe incorporar a la totalidad de la población nacional, sin que la dispersión geográfica constituya un factor a escatimar, en todo proceso organizacional que la Nación se plantee.

Ello implica un desafío mayor, como es ampliamente conocido, por cuanto la generalidad  Ciudadana está acostumbrada a que sean “otros” los que tomen las decisiones por ella y el tránsito desde este statu quo hacia la asunción de la adultez Ciudadana, que importa el hacernos cargo de nosotros mismos, requerirá tiempo y una significativa modificación en la estructura mental de la Nación.

5)          Representación Ciudadana en todo el territorio. Enlazado con el punto anterior, la Participación Ciudadana debiese implicar una correspondiente Representación de la misma, es decir, la representación verdadera que implica la elección de representantes en cada asentamiento humano del territorio, de entre los vecinos, de modo de cautelar que estas personas así encomendadas, sólo se deban al mandato de sus pares, por un período prudente previamente consensuado y su gestión esté sujeta al escrutinio público. De este modo, también las personas representantes en áreas mayores del territorio, serán elegidas democráticamente a partir del Programa previamente definido por la Sociedad Civil, para que efectúen las tareas necesarias en función de objetivos consensuados y no impuestos.

6)         Generación de una nueva Constitución. Finalmente en esta breve exposición, es menester que la Sociedad Civil organice su convivencia nacional en el territorio, a partir de la generación de una nueva Constitución o Carta Magna, que consagre el propósito de la Nación y los principales ejes sobre los cuales se levantará toda la estructura normativa de la vida de las personas en el país, de la protección de todos los Ciudadanos y las Ciudadanas, de su sistema económico, de sus recursos naturales, de su flora y fauna, de sus límites geográficos, de sus relaciones con el resto del mundo y de todo aspecto vinculado a aquél propósito.

Es fundamental para ello, que esta nueva declaración de principios acerca de la naturaleza de la Nación que queremos, así como sus instrumentos jurídicos pormenorizados que señalen cómo nos proponemos alcanzarlo, ocurran con la participación de toda la Ciudadanía, amén de las consideraciones metodológicas y de las materias especializadas pertinentes que deberán ser efectuadas de cara a la población, la que finalmente aprobará mediante una consulta nacional el resultado final de todo el proceso.

El desafío es antiguo y de marca mayor, sin embargo continúa vigente y -lejos de ser una especie en extinción- es una visión que se viene fortaleciendo de modo directamente proporcional al proceso del despertar de más y más personas, a la consciencia de lo que realmente somos como seres humanos y de las potencialidades inmedibles con que cada uno de nosotros ha venido a este mundo.

¿Dónde poner la atención?

Hoy comenzamos a transitar el 2019, con el tradicional bombardeo de estímulos en los medios y en nuestros respectivos círculos de influencia. Salutaciones, buenos deseos, “accidentes” de tránsito, asunción de Bolsonaro, Gobierno cerrado en Estados Unidos, etc.

Lo común a todo ello es la inmediatez, ya sabes, esa compulsión por poner delante de nuestros sentidos -todos los días- un enorme y variopinto repertorio de…, banalidades muchas veces. Es necesario buscar bastante para encontrar asuntos que puedan ser del verdadero interés de alguien que reconoce su propia motivación por mirar detrás de la burda cortina, con que insisten en distraernos de lo esencial .

Me animo a poner sólo dos ejemplos -de diversa naturaleza- que sin duda aluden a asuntos mucho más profundos y trascendentes, ya no sólo para uno u otro de nosotros los Ciudadanos comunes, sino para la especie humana. Tienen en común el que han sido puestos en los medios, pero con la habilidad de relativizarlos y distorsionarlos, de modo de que el común de la gente realmente no repare en los significados mayores que entrañan.

Noviembre de 2018.

Así como la presencia rotunda de las pirámides de Ghiza apenas si ocupan un espacio en la consciencia de la población, que se ha acomodado a la absurda versión oficial de que se trataba de ¡tumbas!, dejando así de asombrarse por la absoluta carencia de una explicación razonable, ocurre también con el fenómeno de los recientes incendios en California, que dieron particular cuenta de la ciudad de Paradise, en el Condado de Butte, donde la autorizada opinión del Cuerpo de Bomberos local reconoció la inexistencia de una explicación lógica para el comportamiento de los siniestros, que en la gran prensa sólo apareció como un incendio “enorme”, “el peor en muchos años”, pero casi nada acerca de cómo puede un incendio discriminar el perímetro de lo que va a calcinar y lo que “se saltará”, con resultados como el de la imagen de arriba. Casas completamente destruidas, pulverizadas en su respectivo lugar, sin que muchos de los árboles del vecindario inmediato hayan perecido de la misma forma. Como si un rayo láser hubiese apuntado cuidadosamente sobre “sus” objetivos, asegurándose de acabarlos completamente e ignorando aquello que se encontraba junto a los mismos.

Y el segundo caso es la pasmosa indiferencia general ante la aparición de esas increíbles imágenes dibujadas de la noche a la mañana en campos de cultivo, conocidos como crop circles o círculos de las cosechas, en particular este. La inteligencia de su construcción, su mensaje cifrado en código binario, los tres planos en que muestra esa información increíble y, por cierto, las implicancias revolucionarias que supone.

UK, Agosto de 2012.

Y tantos de nosotros atendiendo asuntos de una cotidianidad dolorosa, llevándonos con ello la vida misma, esa que en años casi nunca alcanza la centena. Al menos yo necesito el contacto humano, la conversación, el asombro y el entusiasmo. Sentir el estímulo de algunos de mis pares para perseverar en la construcción de sentido, juntos, dejando de ahogarnos en la desesperación de la creencia de que “nada se puede hacer” o, peor aún, “ojalá alguien haga algo al respecto”.

Yo confío en la gente.

Para un número cada día mayor de Ciudadanos, está muy claro que la forma de organización que debemos adoptar es de naturaleza HORIZONTAL. 


Por más trabajo que nos imponga el TENER QUE ENTENDERNOS entre nosotros y abordar el enorme repertorio de DIFERENCIAS que manifestamos, organizarnos de modo reticular es nuestro desafío y nuestra OPORTUNIDAD de cambiar el orden de las cosas que impera en nuestro mundo y en nuestro país. 


No tengo porqué confiar en quienes una y otra vez se turnan en el poder, pretendiendo representarnos. 
No tengo porqué entregar mi dinero de manera obligada -porque son unos pagos IMPUESTOS- si no tengo participación alguna en las decisiones de cómo será usado ese dinero de cada uno y de cada una. Eso se llama ROBO, porque pagamos bajo amenaza de violencia.


Pero la principal responsabilidad es de NOSOTROS, la gente común, porque hemos permitido este sistema cuando éramos españoles y desde que somos chilenos, hace 200 años.


Lo que nos informa Gino Lorenzini es una muestra más de las muchas situaciones que evidencian el abuso del modelo que hemos aceptado.

Yo creo en la democracia verdadera, porque confío en la denostada “doña Juanita” de Ricardo Lagos. 
Confío en la inteligencia humana por muy obnubilada que puede llegar a estar, debido a los esfuerzos de la gran élite mundial y local por embrutecernos con las múltiples estrategias destinadas a ello.
Confío en la sabiduría de la Naturaleza, que siempre tiende a la armonía y el equilibrio. 


Esto implica que la sumatoria del ejercicio soberano, de la capacidad decisional de las y los chilenos, siempre tenderá a la sensatez.
Y eso siempre será muy superior al diseño de gobierno nacional que hasta hoy conocemos.