¿Democracia?

En España el Poder fáctico mundial despliega una nueva distracción, en su juego de hacernos creer que existe democracia. Se quiebra el “bipartidismo” y su tradicional disputa debe incluir ahora dos clubes más…, para llenar los medios masivos con toda clase de comentarios, especulaciones y movimientos en el tablero del poder subordinado, que la Meta Élite destina a quienes hace aparecer como los líderes de las naciones.

 

En Chile, el mismo Poder en la sombra también se esmera en hacernos creer que existe democracia, porque cada tanto un grupo cada vez menor de personas acude a votar por algun@ de l@s candidat@s impuestos por esos clubes intermedios, que se arrogan una representatividad que claramente no tienen. 

 

Aquí el espectáculo es vergonzoso, al interior y entre ambas coaliciones, así como de aquellos que se quieren distanciar de las mismas para formar otros referentes que -a la usanza de los ibéricos Podemos y Ciudadanos- refuercen la noción de democracia entre una ciudadanía cada vez más despierta y, consecuentemente, menos embaucable. 

 

Aunque todavía sean much@s quienes creen que al haber “rostros nuevos” o “partidos nuevos”, la supuesta democracia de verdad funciona…..

 

Probablemente se trata de un universo similar al de quienes creen en la “exitosa” reciente cumbre de París -COP 21- sobre el cambio climático, donde la propaganda oficial dice que los países concurrentes sellaron el compromiso vinculante de reducir la contaminación por emisión de gases de efecto invernadero y detener el calentamiento global antes de los dos grados adicionales…, en circunstancias de que el aparato productivo mundial no dejará de abrir nuevas y numerosas plantas de generación de energía a carbón o petcoke y mucho menos reemplazará en las décadas próximas, el parque de máquinas y vehículos de combustión contaminante. 

 

Similar universo de personas que apoya y apoyará la suscripción de los tratados internacionales de comercio transatlántico y transpacífico, que sólo por el hecho de haber sido negociados y redactados en secreto, a espaldas de las propias naciones involucradas, pero con un casi absoluto protagonismo de grandes corporaciones internacionales que con certeza buscan su propio beneficio, debieran ser vehementemente rechazados.

 

No hay ni puede haber democracia sin representación del Demos.

No hay representación de quienes habitan un país, si éstos no tienen participación o si ésta es tan débil como la pantomima que conocemos y que nos venden como un “buen sucedáneo”.

 

Asistimos al extraño fenómeno social de la asimilación de intereses entre quienes en la cúpula intentan con denuedo mantener el control y el de esa aún gran masa de habitantes que no quiere ejercer su propia soberanía y teme hacerse cargo de su responsabilidad personal en el esfuerzo que implica la organización ciudadana.

 

Es comprensible que la Meta Élite mundial y sus representaciones locales no quiera una democracia, pues ello amenaza el precario equilibrio sobre el que se asienta la insoportable iniquidad resultante del abuso en que muchos tenedores del poder han incurrido. También puede entenderse en el otro extremo, el fenómeno de la “desesperanza aprendida”, tras milenios de violencia, sometimiento, esclavitud  y precarios pactos sociales.

 

Aspiro a que, a las puertas del colapso mundial en que no puede haber vencedores, el desarrollo de la consciencia ciudadana alcance de una buena vez, el punto en que debe asumir su inevitable protagonismo.

 

Ya no podemos seguir mirando para el techo.

 

Es tiempo de mirarnos y de mirar a nuestros vecinos, con toda su diversidad, para comenzar a conversar acerca de lo que nos afecta.

 

Cuando miramos a otra persona y la sentimos cerca, algo muy hermoso se manifiesta, que proviene de la esencia de nuestra condición humana.

 

Cuando miramos a otra persona y la sentimos cerca, comienza a desvanecerse la coraza que nos enseñaron a construir para mantenernos alejados.

 

Es tiempo de comenzar a organizarnos desde los barrios hacia todo un país. Sólo así podremos construir una democracia verdadera, aún con todas sus imperfecciones. 

Es tiempo de trabajar directamente y necesitamos saber qué tipo de nación queremos, para dirigir nuestro esfuerzo en esa dirección.

 

Parafraseando a Lao tsé, un camino de mil kilómetros, comienza por el primer paso.

 

Carlos Ramón.

(del 22/12/15)

Sinapsis social.

La carencia de conversación, la desaparición de la tertulia y todo aquel sano ejercicio de intercambiar saberes, de dar de sí y recibir de otros, puede ser de algún modo compensado con las herramientas de la comunicación virtual. He escrito algunos artículos en un blog que utilicé como una suerte de bóveda…, prácticamente sólo para mí, pero siento la necesidad de avanzar y, como tantas otras personas, intentar abrir conversaciones, establecer un feedback con quien(es) tenga(n) a bien interactuar conmigo en este espacio.

Ni capitalismo ni socialismo.

Capitalismo o Socialismo, Fascismo o Marxismo arrancan de una fuente común: el intento de unos por imponer sus términos a otros. Y este impulso arrollador, cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos, se mantiene vigente y con extraña salud, como la de toda “mala hierba”. Un esfuerzo  reciente muy significativo, para perpetuar la idea de que hay personas mejores que otras, es el trabajo de la Real Sociedad de Londres, utilizando las propuestas de Darwin y Wallace en el siglo XIX, con su famosa teoría de la evolución, que reduce de modo escandaloso la enorme e incomprendida complejidad del ser humano, a simples mutaciones biológicas por adaptación al medio, con la cual justifican en el mundo contemporáneo la explotación y el genocidio resultantes.

Asumiendo mi cuota de ignorancia -característica del Homo Sapiens- puedo colegir al menos por descarte y escuchando mis propios instintos, que existe una Inteligencia inconmensurable pulsando por todos lados, en el macro y en el microcosmos, de lo cual desprendo mi posibilidad de desplegar el preciado bien de la confianza, y desde allí hacer pié sobre el resbaladizo suelo del proceso de conocer y de tomar decisiones, construyendo poco a poco mi acerbo personal, siempre en revisión.

No me siento en absoluto llamado a engrosar las filas de movimiento alguno propuesto por quien sea, pues comprendo que la expresión vital que emerge desde mi interior tiene toda la sabiduría necesaria para aceptarla en mí y, por tanto, en cada persona. 

Así por ejemplo, en el campo de la economía deliberar acerca de la bondad o la amenaza del “mercado” o del “estado” es una discusión estéril, toda vez que no tienen mérito alguno por sí mismos, dado que la eficiencia y equilibrio con que puedan operar depende absolutamente de la intención de las personas que integran la comunidad. Por tanto, no me declaro capitalista ni socialista; simplemente ocupo un lugar legítimo en la sociedad, y me vinculo con otras personas desde mi soberanía, que no se debe a sistema alguno fuera de mi.

Mi identidad es singular y plural de modo simultáneo, puesto que “la sociedad” ni “el individuo” existen como entes aislados o autónomos. 

Me siento llamado a trascender el espejismo con que las élites intentan siempre engañarnos, para perpetuar su empeño controlador, porque no lo necesito. Siento que nadie lo necesita, aunque cientos de millones actúen como si así fuera.

Me quedo con el sentido de la construcción común, horizontal y respetuosa desde el acerbo vigente de cada quien, a disposición de la expresión colectiva de nosotros mismos en tanto singularidad. No hay personas mejores o peores, sino diferentes. Esta es nuestra riqueza y nuestra oportunidad. 

Todo llamado dualista a “luchar” o tomar posición contra algo, es más de lo mismo. Es tiempo de permitir la emergencia del ser profundo que somos todos y todas, en medio de los desechos nauseabundos de la cultura que -sin excepción- hemos contribuido a crear. Este nuevo nacimiento que está teniendo lugar, dejará atrás ese hedor, pues sólo ha estado asociado al miedo al que hemos sido empujados y que hemos venido aceptando. Podemos rescatar mucho de esta misma cultura y nos espera el arduo y apasionante trabajo de construir una mucho mejor, que reflejará el despertar de la consciencia en las siete direcciones.

Carlos Ramón.

(del 30/11/15)

Porqué no apruebo adopción por parejas homosexuales.

No apruebo la adopción de un niño o de una niña, por parte de una pareja homosexual. Lo sé, nadie ha pedido mi opinión. Pero me asombra la ingente cantidad de recursos que se destinan a diario para instalar en la consciencia ciudadana los asuntos que afectan a las personas homosexuales, con tanta cobertura como los mayores temas del interés nacional. Por ello emito mi parecer al respecto, como un integrante más de esta nación.

Me asiste la profunda convicción de que la polaridad es inherente a la expresión de vida en la tercera dimensión. Siento que al ser gestados y nacer en este lugar, nos ubicamos de modo natural en el eje de la variable género, que va desde la masculinidad a la femineidad, más bien en los extremos. Así es como resulta el maravilloso equilibrio demográfico entre mujeres y hombres, sólo alterado por la intervención del ser humano adulto, como por ejemplo la política del único hijo que por décadas ha tenido el gobierno chino y toda la oscura práctica genocida que de ella se desprende.

Comprendo y acepto que la misma naturaleza incluye en la humanidad personas cuya manifestación en el eje del género ocurre en lugares más alejados de los extremos, presentándose así el hecho de sentirse atraídas energéticamente por personas de su mismo sexo u otras combinaciones resultantes de ello.

Conozco personas en esta condición, y me inspiran el mismo respeto y consideración que cualquiera otra cuya naturaleza femenina o masculina esté perfectamente definida. 

En consecuencia, convengo en el pleno derecho que una persona homosexual tiene de formar parte de la sociedad, y ocupar cualquier rol en el complejo entramado de funciones, propio de la organización que los humanos nos damos al vivir juntos, en comunidad.

Asimismo, comprendo que dos personas homosexuales, al sentirse atraídas energéticamente aún teniendo el mismo sexo, generen un vínculo afectivo que les lleve a desear vivir juntas, compartiendo -como cualquier pareja humana- los asuntos cotidianos y un proyecto de vida en común. 

Sin embargo, comparto también mi convicción de que la vivencia de la sexualidad humana entre personas del mismo género, es una variante extremadamente menor de la naturaleza, lo que supone una severa dificultad para que estas personas encuentren una pareja y logren consolidar una vida en común satisfactoria. 

De hecho, ya observamos severas dificultades para que personas heterosexuales lo consigan.

No creo que la existencia de niñas y niños abandonados, como he leído por ahí, sea un argumento para empujar el propósito de la comunidad homosexual, de que la sociedad mayor deba aceptar como equivalente, la adopción de un niño o de una niña por parte de una pareja homosexual o de una pareja heterosexual.

Para mí, es muy claro que no son equivalentes, toda vez que la vivencia sagrada y hermosa de la sexualidad humana está íntima y evidentemente vinculada a la procreación y a la trascendencia complementaria, junto con la satisfacción propia del encuentro sexual en la pareja.

Nuestra información genética y su expresión es coherente con el modelo de humanidad instalado en la Tierra -cualquiera sea su origen- mediante el cual una mujer y un hombre se unen en el disfrute trascendente de la una con el otro, buscando su propia realización y la perpetuación de la especie a través de los hijos y de las hijas.

Una niña y un niño necesitan de la imagen, la energía y la presencia materna y paterna para generar una integración óptima de sí mismos, a partir de la vivencia del afecto incondicional y complementario de ambos progenitores.

Por cierto, es abrumadora la cantidad de personas de cualquier edad, que no han experimentado el estándar de crianza recién aludido, y la descripción de la variedad de circunstancias existenciales que de ello puede resultar, podría llenar muchos libros con historias de mayor o menor dramatismo, épica, dolor o resiliencia.

Sin embargo, nada de ello justifica, a mi parecer, que le sea entregado un niño o una niña en adopción, a una pareja homosexual, que no puede transmitir el modelo cósmico de humanidad para la Tierra, sino sólo una expresión disminuida e incompleta del mismo.

Carlos Ramón.
(del 7/11/15)

Sin nosotr@s, la MetaÉlite es NADA.

Sin nosotr@s, la MetaÉlite es NADA. Las mujeres y los hombres que constituimos los pueblos, somos el sustento del poder de las élites. Es una verdad evidente y por demás sabida…, entonces, ¿cómo es que los pueblos continuamos alimentándolas?.

¿Cómo -por ejemplo- los ingleses soportan a su reina de turno y su antinatural sistema de vasallaje?.

¿Cómo es que continuamos acudiendo ingenuamente -casi en todo el mundo- a parodiar la democracia, votando personas impuestas por clubes intermedios, obedientes al mismo poder fáctico internacional y sus sucursales?

 

Es cierto que estamos expuestos a la adormidera de los medios y su desinformación. También lo es que hemos sido sometidos al propósito alienador de la industria de la educación oficial masiva, por más de doscientos años.

 

Pero no es menos cierto que continuamos siendo personas. 

 

Podemos ser idiotas, tal como la MetaÉlite pretende que seamos, pero no todo el día.

Ya Gandhi demostró que ser bondadoso nada tiene que ver con ser estúpido. Su llamado a la desobediencia civil, a través de la resistencia pacífica, generó que India se independizara del imperio británico.

 

El promedio de la consciencia que las personas podemos expresar ha venido aumentando, es una gran verdad, de modo que el amado Mahatma hoy marcaría menos diferencia con nuestra sociedad, que con sus contemporáneos.

 

La MetaÉlite siempre nos ha dominado por la simple vía de mantenernos separados y desconfiando los unos de los otros, entre hermanos. En eso ha sido muy eficiente.

La cuestión es si vamos a alcanzar un punto de quiebre más temprano que tarde; un punto de colapso de las probabilidades cuánticas, que nos permita darnos cuenta -a un número suficiente de nosotr@s- de que liberarnos de la servidumbre que hemos venido aceptando, se encuentra absolutamente a nuestro alcance.

 

Carlos Ramón.

(del 13/10/15)

El derecho a la vida no es obvio para tod@s.

Para much@s chilen@s el derecho a la vida NO ES OBVIO. Mañana comienza la discusión acerca del aborto en la Comisión de Salud del Congreso y, dada la fuerza con que el legado genocida de Malthus, Pike, J. Huxley, Russel, Kinsey, Brzezinski, Kissinger y tantos otros, ha sido instalado en el ideario colectivo planetario, hoy se hace necesario discutir si debemos matar o no a otros seres humanos. 

Ni el horror de la guerra sin fin ha logrado suprimir el instinto humano de protección de la especie, a pesar de la enorme propaganda y alienación que las Élites inoculan en la población día tras día, para conseguir que la idea de matar a una persona sea asumida como necesaria, aceptable, deseable y hasta celebrable.
Sin embargo, quienes se esfuerzan y empecinan en someter a la población y perpetuar el control sobre ella, por todo el planeta, evidentemente han conseguido extraordinarios avances…, como la relativización de valores y principios humanos que para la inmensa mayoría de nosotr@s continúan siendo intransables.
Y la misma Élite que consigue que la vida humana sea tan despreciable en un contexto de guerra, tiene entre sus logros -a través de estrategias diferenciadas- que mucha gente considere igualmente despreciable la vida de una persona no nacida, de un ser humano concebido y en proceso de desarrollo.
No obstante, estoy convencido de que el genocidio puede detenerse, en su forma de guerra, en su forma de sometimiento por el hambre y la pobreza, en su forma de especulación financiera que quiebra países y en su forma de aborto, esto es, asesinato de niñas y niños en el vientre de su madre.
L@s diputad@s que integran la Comisión de Salud que mañana comienza a debatir sobre el aborto en Chile, tienen un poder inusitado.
Ell@s pueden levantar la conciencia de que la comunidad nacional debe proteger a todas las madres y a tod@s l@s niñ@s, no nacid@s y nacid@s.
Nadie sobra en Chile.
Aún cuando las circunstancias en las cuales haya sido concebid@ un/a nuev@ ciudadan@, sean extremadamente dramáticas, nuestra consciencia de especie humana puede y debe generar las condiciones necesarias para proteger la vida, siempre y en todo lugar.
Podemos zafarnos de las imposiciones alienantes de quienes sólo han buscado, antes y ahora, atenuar y sofocar el sentido de lo humano, en los humanos.
Podemos dejar de pensar y sentir en pequeño…, y acostumbrarnos a pensar y sentir en grande.
No asesinemos niñ@s, guareciéndonos en excusas políticas e ideológicas ajenas a la humanidad.
Más bien generemos las condiciones necesarias para ayudar con eficiencia a las madres durante su proceso de gestación, parto y acogida de toda nueva creatura.
Más bien protejamos a l@s niñ@s durante su desarrollo en el seno de sus madres y su nacimiento, asegurando para ell@s un amoroso recibimiento, indistintamente de si -dadas ciertas circunstancias extremas- algun@s de est@s niñ@s deban iniciar su experiencia afectiva, en un entorno distinto del hogar materno.

Carlos Ramón.

(del 7/9/2015)

Hacia una verdadera democracia.

Los partidos políticos deben dar paso a la organización ciudadana. Aquéllos sólo son pequeños clubes, con una idea, una directiva y un timbre, algunos con una cierta asamblea, y todos absolutamente no representativos de la inmensa mayoría de l@s chilen@s.

Desde los partidos más antiguos en Chile, expresiones locales -cómo no- de movimientos internacionales mejor organizados y de sórdidos propósitos, hasta las recientes propuestas de “PRO”, “PRI”, “Revolución Democrática”, “Evópoli”, “Amplitud”, “Fuerza Pública” y “Tod@s”, deben cargar con el peso enorme de la desconfianza y el descrédito ciudadano, muy bien merecido por parte de lo que se da en llamar la “clase política”.

Sabemos que la política, en su acepción original, es una noble actividad del ser humano, que arranca de la necesidad de administrar la vida en comunidad, propia de nuestra naturaleza gregaria.

Reconozco que en cada una de esas interminables iniciativas por institucionalizar en “Partidos”, la construcción conceptual y axiológica de algún grupo de habitantes, ha existido y existen personas bien intencionadas. En todas.

Sin embargo, los hechos muestran de modo crudo que las personas más preclaras, honestas y valientes, al interior de cada uno de esos clubes, no prevalecen a la hora de convertir éstos sus afanes partidistas en iniciativas y prácticas que beneficien a toda la nación.

Este país ha crecido y esta nación ha madurado un poco más.

Pero los logros en políticas públicas han ocurrido más bien a tropezones, muy lejos de una vocación republicana que mire el interés general de la nación.

Los pueblos, como las personas, construyen su propia existencia, con sus luces y sus sombras, y deben aprender a hacerse cargo de ello.

La alternativa de gobernanza que hasta hoy han representado estos pequeños clubes de colores, ha perpetuado -no obstante sus logros- el propósito que se hace nítido detrás de ellos, de mantener alejadas a las personas comunes de la inmensa mayoría de la nación, de la toma de decisiones en todos los temas que nos incumben.

¿Porqué debería yo, ciudadano común, creerle a cualquiera de l@s coterráne@s que es puest@ a la cabeza de cualquiera de estos clubes?.

¿Porqué debería cualquier habitante, morigerar su propio pensamiento para reforzar el que proponga cualquiera de esos clubes?.

¿No es ya suficientemente claro que aún reuniendo a todos estos partidos, su representación ciudadana es francamente exigua?.

Gobernar es tarea difícil, claro está. Sin embargo, si existe una condición que puede hacer la diferencia en cuanto a conducir este complejo proceso, esta es la más impúdica transparencia.

Y esta condición no puede ser recogida y practicada por organizaciones intermedias dirigidas por una élite que siempre mirará sus propios intereses.

Sólo podemos acercarnos a una práctica semejante, si los chilenos y chilenas dejamos de pretender que sean otras personas las que nos digan lo que debemos hacer.

Nuestra voz debe levantarse, no para que nos escuche una autoridad de turno, puesta allí por un sistema que de democracia sólo conserva el nombre. No. Debemos expresarnos para ser escuchados por nuestr@s pares, habitantes de nuestros campos, pueblos y ciudades, pues necesitamos organizarnos nosotr@s mism@s, en cabildos locales que definan y prioricen las necesidades sentidas por cada agrupación y que elijan representantes para llevar este proyecto al nivel regional y nacional, mientras tenemos la actual organización del territorio.

No es necesario romper nada.

Sólo es preciso empujar desde el genuino sentir local y nacional, para que toda la estructura gubernamental se vea en la necesidad de alinear las políticas, planes y programas, a este sentimiento, desde sus trazos gruesos de convergencia hacia sus líneas más finas, a través de las décadas.

 

Carlos Ramón.

(del 22/8/2015)