Porqué no apruebo adopción por parejas homosexuales.

No apruebo la adopción de un niño o de una niña, por parte de una pareja homosexual. Lo sé, nadie ha pedido mi opinión. Pero me asombra la ingente cantidad de recursos que se destinan a diario para instalar en la consciencia ciudadana los asuntos que afectan a las personas homosexuales, con tanta cobertura como los mayores temas del interés nacional. Por ello emito mi parecer al respecto, como un integrante más de esta nación.

Me asiste la profunda convicción de que la polaridad es inherente a la expresión de vida en la tercera dimensión. Siento que al ser gestados y nacer en este lugar, nos ubicamos de modo natural en el eje de la variable género, que va desde la masculinidad a la femineidad, más bien en los extremos. Así es como resulta el maravilloso equilibrio demográfico entre mujeres y hombres, sólo alterado por la intervención del ser humano adulto, como por ejemplo la política del único hijo que por décadas ha tenido el gobierno chino y toda la oscura práctica genocida que de ella se desprende.

Comprendo y acepto que la misma naturaleza incluye en la humanidad personas cuya manifestación en el eje del género ocurre en lugares más alejados de los extremos, presentándose así el hecho de sentirse atraídas energéticamente por personas de su mismo sexo u otras combinaciones resultantes de ello.

Conozco personas en esta condición, y me inspiran el mismo respeto y consideración que cualquiera otra cuya naturaleza femenina o masculina esté perfectamente definida. 

En consecuencia, convengo en el pleno derecho que una persona homosexual tiene de formar parte de la sociedad, y ocupar cualquier rol en el complejo entramado de funciones, propio de la organización que los humanos nos damos al vivir juntos, en comunidad.

Asimismo, comprendo que dos personas homosexuales, al sentirse atraídas energéticamente aún teniendo el mismo sexo, generen un vínculo afectivo que les lleve a desear vivir juntas, compartiendo -como cualquier pareja humana- los asuntos cotidianos y un proyecto de vida en común. 

Sin embargo, comparto también mi convicción de que la vivencia de la sexualidad humana entre personas del mismo género, es una variante extremadamente menor de la naturaleza, lo que supone una severa dificultad para que estas personas encuentren una pareja y logren consolidar una vida en común satisfactoria. 

De hecho, ya observamos severas dificultades para que personas heterosexuales lo consigan.

No creo que la existencia de niñas y niños abandonados, como he leído por ahí, sea un argumento para empujar el propósito de la comunidad homosexual, de que la sociedad mayor deba aceptar como equivalente, la adopción de un niño o de una niña por parte de una pareja homosexual o de una pareja heterosexual.

Para mí, es muy claro que no son equivalentes, toda vez que la vivencia sagrada y hermosa de la sexualidad humana está íntima y evidentemente vinculada a la procreación y a la trascendencia complementaria, junto con la satisfacción propia del encuentro sexual en la pareja.

Nuestra información genética y su expresión es coherente con el modelo de humanidad instalado en la Tierra -cualquiera sea su origen- mediante el cual una mujer y un hombre se unen en el disfrute trascendente de la una con el otro, buscando su propia realización y la perpetuación de la especie a través de los hijos y de las hijas.

Una niña y un niño necesitan de la imagen, la energía y la presencia materna y paterna para generar una integración óptima de sí mismos, a partir de la vivencia del afecto incondicional y complementario de ambos progenitores.

Por cierto, es abrumadora la cantidad de personas de cualquier edad, que no han experimentado el estándar de crianza recién aludido, y la descripción de la variedad de circunstancias existenciales que de ello puede resultar, podría llenar muchos libros con historias de mayor o menor dramatismo, épica, dolor o resiliencia.

Sin embargo, nada de ello justifica, a mi parecer, que le sea entregado un niño o una niña en adopción, a una pareja homosexual, que no puede transmitir el modelo cósmico de humanidad para la Tierra, sino sólo una expresión disminuida e incompleta del mismo.

Carlos Ramón.
(del 7/11/15)

Sin nosotr@s, la MetaÉlite es NADA.

Sin nosotr@s, la MetaÉlite es NADA. Las mujeres y los hombres que constituimos los pueblos, somos el sustento del poder de las élites. Es una verdad evidente y por demás sabida…, entonces, ¿cómo es que los pueblos continuamos alimentándolas?.

¿Cómo -por ejemplo- los ingleses soportan a su reina de turno y su antinatural sistema de vasallaje?.

¿Cómo es que continuamos acudiendo ingenuamente -casi en todo el mundo- a parodiar la democracia, votando personas impuestas por clubes intermedios, obedientes al mismo poder fáctico internacional y sus sucursales?

 

Es cierto que estamos expuestos a la adormidera de los medios y su desinformación. También lo es que hemos sido sometidos al propósito alienador de la industria de la educación oficial masiva, por más de doscientos años.

 

Pero no es menos cierto que continuamos siendo personas. 

 

Podemos ser idiotas, tal como la MetaÉlite pretende que seamos, pero no todo el día.

Ya Gandhi demostró que ser bondadoso nada tiene que ver con ser estúpido. Su llamado a la desobediencia civil, a través de la resistencia pacífica, generó que India se independizara del imperio británico.

 

El promedio de la consciencia que las personas podemos expresar ha venido aumentando, es una gran verdad, de modo que el amado Mahatma hoy marcaría menos diferencia con nuestra sociedad, que con sus contemporáneos.

 

La MetaÉlite siempre nos ha dominado por la simple vía de mantenernos separados y desconfiando los unos de los otros, entre hermanos. En eso ha sido muy eficiente.

La cuestión es si vamos a alcanzar un punto de quiebre más temprano que tarde; un punto de colapso de las probabilidades cuánticas, que nos permita darnos cuenta -a un número suficiente de nosotr@s- de que liberarnos de la servidumbre que hemos venido aceptando, se encuentra absolutamente a nuestro alcance.

 

Carlos Ramón.

(del 13/10/15)

El derecho a la vida no es obvio para tod@s.

Para much@s chilen@s el derecho a la vida NO ES OBVIO. Mañana comienza la discusión acerca del aborto en la Comisión de Salud del Congreso y, dada la fuerza con que el legado genocida de Malthus, Pike, J. Huxley, Russel, Kinsey, Brzezinski, Kissinger y tantos otros, ha sido instalado en el ideario colectivo planetario, hoy se hace necesario discutir si debemos matar o no a otros seres humanos. 

Ni el horror de la guerra sin fin ha logrado suprimir el instinto humano de protección de la especie, a pesar de la enorme propaganda y alienación que las Élites inoculan en la población día tras día, para conseguir que la idea de matar a una persona sea asumida como necesaria, aceptable, deseable y hasta celebrable.
Sin embargo, quienes se esfuerzan y empecinan en someter a la población y perpetuar el control sobre ella, por todo el planeta, evidentemente han conseguido extraordinarios avances…, como la relativización de valores y principios humanos que para la inmensa mayoría de nosotr@s continúan siendo intransables.
Y la misma Élite que consigue que la vida humana sea tan despreciable en un contexto de guerra, tiene entre sus logros -a través de estrategias diferenciadas- que mucha gente considere igualmente despreciable la vida de una persona no nacida, de un ser humano concebido y en proceso de desarrollo.
No obstante, estoy convencido de que el genocidio puede detenerse, en su forma de guerra, en su forma de sometimiento por el hambre y la pobreza, en su forma de especulación financiera que quiebra países y en su forma de aborto, esto es, asesinato de niñas y niños en el vientre de su madre.
L@s diputad@s que integran la Comisión de Salud que mañana comienza a debatir sobre el aborto en Chile, tienen un poder inusitado.
Ell@s pueden levantar la conciencia de que la comunidad nacional debe proteger a todas las madres y a tod@s l@s niñ@s, no nacid@s y nacid@s.
Nadie sobra en Chile.
Aún cuando las circunstancias en las cuales haya sido concebid@ un/a nuev@ ciudadan@, sean extremadamente dramáticas, nuestra consciencia de especie humana puede y debe generar las condiciones necesarias para proteger la vida, siempre y en todo lugar.
Podemos zafarnos de las imposiciones alienantes de quienes sólo han buscado, antes y ahora, atenuar y sofocar el sentido de lo humano, en los humanos.
Podemos dejar de pensar y sentir en pequeño…, y acostumbrarnos a pensar y sentir en grande.
No asesinemos niñ@s, guareciéndonos en excusas políticas e ideológicas ajenas a la humanidad.
Más bien generemos las condiciones necesarias para ayudar con eficiencia a las madres durante su proceso de gestación, parto y acogida de toda nueva creatura.
Más bien protejamos a l@s niñ@s durante su desarrollo en el seno de sus madres y su nacimiento, asegurando para ell@s un amoroso recibimiento, indistintamente de si -dadas ciertas circunstancias extremas- algun@s de est@s niñ@s deban iniciar su experiencia afectiva, en un entorno distinto del hogar materno.

Carlos Ramón.

(del 7/9/2015)

Hacia una verdadera democracia.

Los partidos políticos deben dar paso a la organización ciudadana. Aquéllos sólo son pequeños clubes, con una idea, una directiva y un timbre, algunos con una cierta asamblea, y todos absolutamente no representativos de la inmensa mayoría de l@s chilen@s.

Desde los partidos más antiguos en Chile, expresiones locales -cómo no- de movimientos internacionales mejor organizados y de sórdidos propósitos, hasta las recientes propuestas de “PRO”, “PRI”, “Revolución Democrática”, “Evópoli”, “Amplitud”, “Fuerza Pública” y “Tod@s”, deben cargar con el peso enorme de la desconfianza y el descrédito ciudadano, muy bien merecido por parte de lo que se da en llamar la “clase política”.

Sabemos que la política, en su acepción original, es una noble actividad del ser humano, que arranca de la necesidad de administrar la vida en comunidad, propia de nuestra naturaleza gregaria.

Reconozco que en cada una de esas interminables iniciativas por institucionalizar en “Partidos”, la construcción conceptual y axiológica de algún grupo de habitantes, ha existido y existen personas bien intencionadas. En todas.

Sin embargo, los hechos muestran de modo crudo que las personas más preclaras, honestas y valientes, al interior de cada uno de esos clubes, no prevalecen a la hora de convertir éstos sus afanes partidistas en iniciativas y prácticas que beneficien a toda la nación.

Este país ha crecido y esta nación ha madurado un poco más.

Pero los logros en políticas públicas han ocurrido más bien a tropezones, muy lejos de una vocación republicana que mire el interés general de la nación.

Los pueblos, como las personas, construyen su propia existencia, con sus luces y sus sombras, y deben aprender a hacerse cargo de ello.

La alternativa de gobernanza que hasta hoy han representado estos pequeños clubes de colores, ha perpetuado -no obstante sus logros- el propósito que se hace nítido detrás de ellos, de mantener alejadas a las personas comunes de la inmensa mayoría de la nación, de la toma de decisiones en todos los temas que nos incumben.

¿Porqué debería yo, ciudadano común, creerle a cualquiera de l@s coterráne@s que es puest@ a la cabeza de cualquiera de estos clubes?.

¿Porqué debería cualquier habitante, morigerar su propio pensamiento para reforzar el que proponga cualquiera de esos clubes?.

¿No es ya suficientemente claro que aún reuniendo a todos estos partidos, su representación ciudadana es francamente exigua?.

Gobernar es tarea difícil, claro está. Sin embargo, si existe una condición que puede hacer la diferencia en cuanto a conducir este complejo proceso, esta es la más impúdica transparencia.

Y esta condición no puede ser recogida y practicada por organizaciones intermedias dirigidas por una élite que siempre mirará sus propios intereses.

Sólo podemos acercarnos a una práctica semejante, si los chilenos y chilenas dejamos de pretender que sean otras personas las que nos digan lo que debemos hacer.

Nuestra voz debe levantarse, no para que nos escuche una autoridad de turno, puesta allí por un sistema que de democracia sólo conserva el nombre. No. Debemos expresarnos para ser escuchados por nuestr@s pares, habitantes de nuestros campos, pueblos y ciudades, pues necesitamos organizarnos nosotr@s mism@s, en cabildos locales que definan y prioricen las necesidades sentidas por cada agrupación y que elijan representantes para llevar este proyecto al nivel regional y nacional, mientras tenemos la actual organización del territorio.

No es necesario romper nada.

Sólo es preciso empujar desde el genuino sentir local y nacional, para que toda la estructura gubernamental se vea en la necesidad de alinear las políticas, planes y programas, a este sentimiento, desde sus trazos gruesos de convergencia hacia sus líneas más finas, a través de las décadas.

 

Carlos Ramón.

(del 22/8/2015)

En Educación, ¿revisarán asuntos de fondo?

Profesores y autoridades de educación se sientan a conversar nuevamente…, pero aún no se discuten asuntos de fondo en esta delicada área del quehacer humano. Que en el gobierno de turno se reconozca que “tal vez” no debieron empezar con la enorme presión al sistema de educación particular subvencionado, sino por mejorar el alicaído sector público, no posiciona mejor la gestión educacional.

Que la carrera docente, que el porcentaje y alcance de la “gratuidad” en la educación terciaria o que la desmunicipalización de Escuelas y Liceos…, nada de ello alude a reconocer que la “industria” de la educación masiva de nuestra infancia y juventud es desde su origen y fundamentos, una oscura y sórdida estrategia para alienar a la población desde pequeña. Para coartar la libertad de cada niña y de cada niño. Para limitar su autonomía de manera dramática. Para atentar, en fin, contra la sagrada singularidad de cada ser humano.

A cambio de ello, el sistema educacional oficial ha sido estructurado -de sobremanera desde el siglo XVIII- para introducir el concepto darwiniano de la competencia esquizoide, sobre la falacia conceptual de que unas personas son mejores que otras.

Para generar “material humano” apto para ocupar los cargos y funciones que demanda el sistema productivo de bienes y servicios. Para asegurarse a “l@s mejores” en sus cuadros de personal privilegiado y alinear a “l@s otr@s” en funciones subordinadas aunque igualmente de gran capacidad consumidora por la enorme cantidad de este segmento y, por supuesto, para generar una conveniente docilidad de las grandes masas, ante las decisiones que a diario las Élites toman para su propio beneficio, involucrando, claro está, la vida de las inmensas mayorías pasivas.

Podemos y debemos cuidar a nuestr@s hij@s, estimulándoles a soñar, a crear y a conocer sin límites.

Podemos y debemos expresarles todo nuestro amor cada día, pues así desarrollarán también, entre otras, su capacidad cognitiva, tan sobredimensionada por la cultura patriarcal vigente.

Una infancia y una juventud feliz, segura, afectivamente contenida, estimulada con rectitud, solidaria, no competitiva, con un sólido desarrollo ético, exige un espacio escolar orgánico y estimulante, con grupos pequeños de pares, con grupos de rangos etarios flexibles, con un curriculum propositivo y no impuesto, con respeto a sus ritmos naturales, así como a sus respectivas orientaciones vocacionales e interés, con un sistema de evaluación que no les discrimine sino que estimule sus singularidades, que les llevarán a desarrollar diversas actividades cuando sean adult@s, cada una tan genuina como necesaria.

¿podremos sentarnos a conversar?.-

Carlos Ramón.

(del 22/8/205)

¿Asesinar bebés es progresista?

En estos días, la coalición que gobierna la nación chilena está inquieta, entre tantos otros asuntos, porque uno de sus clubes integrantes, el Partido Demócrata Cristiano, ha decidido dejar en libertad de acción a sus correligionarios/as que ocupan un escaño en el Parlamento, en relación a la votación del proyecto de ley que pretende despenalizar el aborto o interrupción del embarazo, si es practicado por alguna de tres causales, a saber, violación, inviabilidad fetal y por riesgo vital de la madre.

He escuchado toda clase de argumentos a favor de esta iniciativa legal:

Que Chile es casi el único país que aún penaliza el aborto.

Que es tiempo de modernizar a la sociedad chilena o que ésta debe estar a la altura de los tiempos modernos.

Que las mujeres son libres de hacer con “su cuerpo” lo que les venga en gana.

Que una mujer no tiene porqué aceptar la gestación de un/a hij@ no desead@.

Que las mujeres pobres son las más afectadas, pues las mujeres de clase acomodada abortan en condiciones  mucho más seguras. Etc.

He sabido de marchas y desfiles de mujeres, convencidas y empoderadas, proclamando su “derecho a abortar” y vociferando en tono amenazante a quien pretenda conculcar ese presunto derecho, así como de organizaciones femeninas que esgrimen como argumento a favor del aborto algunos de los más extremos y dramáticos casos de embarazos no deseados, empujando la consciencia de quien quiera escucharlas, hacia su causa.

Para mi, que abrazo el Principio Biocéntrico como paradigma organizador de la existencia, la VIDA es un milagro, no sólo en el momento de la concepción, o del embarazo o del nacimiento, sino en cada instante de la misma, y ello cuenta para los seres humanos y para toda creatura sintiente.

No hay manera de reducir el fenómeno central de la vida a definiciones del derecho positivo y sus correspondientes articulados. Todo intento de acotar la vida a sistemas conceptuales de cualquier índole es falaz y perennemente insuficiente.

Tras el milagro de la gestación, no existe consideración ni circunstancia que pueda ser más relevante que ese hecho, por tanto cualquiera que sea alguna de éstas que aparezca en función de lo primero, siempre habrá la manera de viabilizarla, respetando el derecho natural, inalienable e irrenunciable a la vida.

Discutir acerca de asesinar a un/a niñ@, nacid@ o no nacid@, es tan absurdo para quien tiene su consciencia suficientemente desarrollada, como lo habrá sido para nuestros ancestros más antiguos, pretender ser dueños de la Tierra, cercándola y registrando un pedazo de ella a nombre de una persona.

Porque eso es el aborto: asesinato de un/a niñ@. Asesinato del/la propi@ hij@.

Ciertamente, es menester mejorar nuestra legislación y administrar con eficiencia las instituciones que permitan y garanticen el acceso de toda persona al cuidado, la salud y la educación. Ciertamente estamos todavía lejos de conseguirlo, pero nadie es inocente en la demora inconcebible de un desarrollo humano semejante. Por acción o por omisión. Tenemos mucho por hacer, cada un@ de nosotr@s, cualquiera sea el tamaño de su contribución, pues nadie sobra y el aporte de cada un@ en la consecución de una sociedad justa es relevante.

Carlos Ramón.

(De Julio 29 de 2015.-)

Propaganda de la marihuana.

Legalizar la marihuana”, en boca de tod@s. Ese sentido de colmena…, esa actitud de ganado humano. Para un muchacho medio, de 15 años, no hace diferencia que sea la Gazmuri o la Bachelet la que diga “por la tele” que el THC es inocuo y que invite a su consumo. El poder de la TV…, ya saben, muchísima gente todavía cree que basta que algo aparezca en TV para que sea verdad.

Es muy diferente el consumo de marihuana para una estrellita de “la tele”, rodeada muy probablemente de un ambiente protegido, con sus necesidades básicas bien cubiertas, que el mismo consumo para un/a niñ@ o un/a adolescente en un ambiente deteriorado.

Al grupo de personas de un segmento privilegiado de la población, que quiere esta despenalización para poder fumar tranquilas en cualquier parte y a cualquier hora “su” cannabis, le importa un rábano lo que ocurra con decenas de miles de personas con grandes carencias, consumiendo la misma sustancia tóxica.

La gente es más inteligente que “esto”. Debe serlo…

La legalización del consumo de una sustancia tóxica más, NO ES EL PUNTO FOCAL A DISCUTIR.

Sabemos lo que ocurrirá: un peak de consumo sin freno, con las consecuencias evidentes en el área de la salud física y mental, y luego una gran resaca y la instalación de una prevalencia de consumo standard entre la población.

Como con las sustancias tóxicas hoy perfectamente legales, el alcohol y los cigarrillos.

Pregunto, puede una sustancia tóxica volverse inocua cuando ha sido declarada legal? 

De verdad la mayoría de la gente comparte la hipocresía y el cinismo que entraña fomentar una discusión como esta?

No debemos, más bien, discutir porqué permitimos como algo “normal” el consumo de sustancias demostradamente tóxicas, sean legales o ilegales?

Porqué negarnos a VER y reconocer que no es casual la libre disposición y fácil acceso a CUALQUIER sustancia tóxica, para CUALQUIER persona?

Cómo no VER y aceptar que la inundación de sustancias tóxicas en las que la población se encuentra, apunta a la estupidización de la gente?

Cómo no asumir que se trata de una práctica abyecta, perfectamente planificada y operada por quienes buscan desde siempre someter a la población, bajo su dominio privilegiado?

Las personas libres de pensamiento, deliberantes y sintientes, debemos ser más que el ganado.

Carlos Ramón

(Del 24 Julio 2015.)