En Educación, ¿revisarán asuntos de fondo?

Profesores y autoridades de educación se sientan a conversar nuevamente…, pero aún no se discuten asuntos de fondo en esta delicada área del quehacer humano. Que en el gobierno de turno se reconozca que “tal vez” no debieron empezar con la enorme presión al sistema de educación particular subvencionado, sino por mejorar el alicaído sector público, no posiciona mejor la gestión educacional.

Que la carrera docente, que el porcentaje y alcance de la “gratuidad” en la educación terciaria o que la desmunicipalización de Escuelas y Liceos…, nada de ello alude a reconocer que la “industria” de la educación masiva de nuestra infancia y juventud es desde su origen y fundamentos, una oscura y sórdida estrategia para alienar a la población desde pequeña. Para coartar la libertad de cada niña y de cada niño. Para limitar su autonomía de manera dramática. Para atentar, en fin, contra la sagrada singularidad de cada ser humano.

A cambio de ello, el sistema educacional oficial ha sido estructurado -de sobremanera desde el siglo XVIII- para introducir el concepto darwiniano de la competencia esquizoide, sobre la falacia conceptual de que unas personas son mejores que otras.

Para generar “material humano” apto para ocupar los cargos y funciones que demanda el sistema productivo de bienes y servicios. Para asegurarse a “l@s mejores” en sus cuadros de personal privilegiado y alinear a “l@s otr@s” en funciones subordinadas aunque igualmente de gran capacidad consumidora por la enorme cantidad de este segmento y, por supuesto, para generar una conveniente docilidad de las grandes masas, ante las decisiones que a diario las Élites toman para su propio beneficio, involucrando, claro está, la vida de las inmensas mayorías pasivas.

Podemos y debemos cuidar a nuestr@s hij@s, estimulándoles a soñar, a crear y a conocer sin límites.

Podemos y debemos expresarles todo nuestro amor cada día, pues así desarrollarán también, entre otras, su capacidad cognitiva, tan sobredimensionada por la cultura patriarcal vigente.

Una infancia y una juventud feliz, segura, afectivamente contenida, estimulada con rectitud, solidaria, no competitiva, con un sólido desarrollo ético, exige un espacio escolar orgánico y estimulante, con grupos pequeños de pares, con grupos de rangos etarios flexibles, con un curriculum propositivo y no impuesto, con respeto a sus ritmos naturales, así como a sus respectivas orientaciones vocacionales e interés, con un sistema de evaluación que no les discrimine sino que estimule sus singularidades, que les llevarán a desarrollar diversas actividades cuando sean adult@s, cada una tan genuina como necesaria.

¿podremos sentarnos a conversar?.-

Carlos Ramón.

(del 22/8/205)

¿Asesinar bebés es progresista?

En estos días, la coalición que gobierna la nación chilena está inquieta, entre tantos otros asuntos, porque uno de sus clubes integrantes, el Partido Demócrata Cristiano, ha decidido dejar en libertad de acción a sus correligionarios/as que ocupan un escaño en el Parlamento, en relación a la votación del proyecto de ley que pretende despenalizar el aborto o interrupción del embarazo, si es practicado por alguna de tres causales, a saber, violación, inviabilidad fetal y por riesgo vital de la madre.

He escuchado toda clase de argumentos a favor de esta iniciativa legal:

Que Chile es casi el único país que aún penaliza el aborto.

Que es tiempo de modernizar a la sociedad chilena o que ésta debe estar a la altura de los tiempos modernos.

Que las mujeres son libres de hacer con “su cuerpo” lo que les venga en gana.

Que una mujer no tiene porqué aceptar la gestación de un/a hij@ no desead@.

Que las mujeres pobres son las más afectadas, pues las mujeres de clase acomodada abortan en condiciones  mucho más seguras. Etc.

He sabido de marchas y desfiles de mujeres, convencidas y empoderadas, proclamando su “derecho a abortar” y vociferando en tono amenazante a quien pretenda conculcar ese presunto derecho, así como de organizaciones femeninas que esgrimen como argumento a favor del aborto algunos de los más extremos y dramáticos casos de embarazos no deseados, empujando la consciencia de quien quiera escucharlas, hacia su causa.

Para mi, que abrazo el Principio Biocéntrico como paradigma organizador de la existencia, la VIDA es un milagro, no sólo en el momento de la concepción, o del embarazo o del nacimiento, sino en cada instante de la misma, y ello cuenta para los seres humanos y para toda creatura sintiente.

No hay manera de reducir el fenómeno central de la vida a definiciones del derecho positivo y sus correspondientes articulados. Todo intento de acotar la vida a sistemas conceptuales de cualquier índole es falaz y perennemente insuficiente.

Tras el milagro de la gestación, no existe consideración ni circunstancia que pueda ser más relevante que ese hecho, por tanto cualquiera que sea alguna de éstas que aparezca en función de lo primero, siempre habrá la manera de viabilizarla, respetando el derecho natural, inalienable e irrenunciable a la vida.

Discutir acerca de asesinar a un/a niñ@, nacid@ o no nacid@, es tan absurdo para quien tiene su consciencia suficientemente desarrollada, como lo habrá sido para nuestros ancestros más antiguos, pretender ser dueños de la Tierra, cercándola y registrando un pedazo de ella a nombre de una persona.

Porque eso es el aborto: asesinato de un/a niñ@. Asesinato del/la propi@ hij@.

Ciertamente, es menester mejorar nuestra legislación y administrar con eficiencia las instituciones que permitan y garanticen el acceso de toda persona al cuidado, la salud y la educación. Ciertamente estamos todavía lejos de conseguirlo, pero nadie es inocente en la demora inconcebible de un desarrollo humano semejante. Por acción o por omisión. Tenemos mucho por hacer, cada un@ de nosotr@s, cualquiera sea el tamaño de su contribución, pues nadie sobra y el aporte de cada un@ en la consecución de una sociedad justa es relevante.

Carlos Ramón.

(De Julio 29 de 2015.-)

Propaganda de la marihuana.

Legalizar la marihuana”, en boca de tod@s. Ese sentido de colmena…, esa actitud de ganado humano. Para un muchacho medio, de 15 años, no hace diferencia que sea la Gazmuri o la Bachelet la que diga “por la tele” que el THC es inocuo y que invite a su consumo. El poder de la TV…, ya saben, muchísima gente todavía cree que basta que algo aparezca en TV para que sea verdad.

Es muy diferente el consumo de marihuana para una estrellita de “la tele”, rodeada muy probablemente de un ambiente protegido, con sus necesidades básicas bien cubiertas, que el mismo consumo para un/a niñ@ o un/a adolescente en un ambiente deteriorado.

Al grupo de personas de un segmento privilegiado de la población, que quiere esta despenalización para poder fumar tranquilas en cualquier parte y a cualquier hora “su” cannabis, le importa un rábano lo que ocurra con decenas de miles de personas con grandes carencias, consumiendo la misma sustancia tóxica.

La gente es más inteligente que “esto”. Debe serlo…

La legalización del consumo de una sustancia tóxica más, NO ES EL PUNTO FOCAL A DISCUTIR.

Sabemos lo que ocurrirá: un peak de consumo sin freno, con las consecuencias evidentes en el área de la salud física y mental, y luego una gran resaca y la instalación de una prevalencia de consumo standard entre la población.

Como con las sustancias tóxicas hoy perfectamente legales, el alcohol y los cigarrillos.

Pregunto, puede una sustancia tóxica volverse inocua cuando ha sido declarada legal? 

De verdad la mayoría de la gente comparte la hipocresía y el cinismo que entraña fomentar una discusión como esta?

No debemos, más bien, discutir porqué permitimos como algo “normal” el consumo de sustancias demostradamente tóxicas, sean legales o ilegales?

Porqué negarnos a VER y reconocer que no es casual la libre disposición y fácil acceso a CUALQUIER sustancia tóxica, para CUALQUIER persona?

Cómo no VER y aceptar que la inundación de sustancias tóxicas en las que la población se encuentra, apunta a la estupidización de la gente?

Cómo no asumir que se trata de una práctica abyecta, perfectamente planificada y operada por quienes buscan desde siempre someter a la población, bajo su dominio privilegiado?

Las personas libres de pensamiento, deliberantes y sintientes, debemos ser más que el ganado.

Carlos Ramón

(Del 24 Julio 2015.)

Desmantelar la “Educación”.

Demasiad@s Niñ@s sufriendo en las Escuelas, Colegios y Liceos. Much@s Docentes y Paradocentes sufriendo también en su experiencia profesional.

Cuánt@s Madres y Padres aferrándose a una ilusión de “estabilidad” o “normalidad”, por tener ell@s un trabajo y por ir sus hij@s al Colegio.

Cuántos rehuyendo ver que el fenómeno de la “escolarización” es mucho más profundo y sórdido que el ya complejo hecho de vestir uniforme y acudir 5 de 7 días a las “j-aulas”.

¿Gratuidad?, ¿acceso universal?, ¡son sólo distractores!

No quiero un/a niñ@ más yendo “gratis” a un sistema que busca arrancarle su singularidad y la belleza única de su expresión de ser sintiente, so pretexto de “prepararle para insertarse en el mundo laboral”, léase, convertirle en un ente funcional al absurdo sistema de producción de bienes y servicios, devenido en especulación. 


L@s niñ@s necesitan, antes que todo, un ambiente amoroso desde antes de ser concebid@s. Ecofactores positivos que disparen su desarrollo neurológico, físico, psicológico y social para luego estimularles en su deseo natural de conocer el mundo al que han venido.


No necesita el mundo niñ@s que deban aprender TODO de CADA área de lo conocido, pues ese intento horriblemente sostenido, genera dolor, frustración, discriminación y ese valor artificial de la competencia.
Nadie sobra en el planeta, y cada niñ@ necesita poder desarrollar aquello para lo cual se siente motivad@, a su propio ritmo y con la intensidad que le es natural.


A quienes ya debimos sobrevivir a ello, nos corresponde revisar los fundamentos mismos del constructo “sistema educacional” y generar para nuestr@s hij@s y niet@s, una modalidad de transmisión del conocimiento y, de sobremanera, de construcción de nuevo conocimiento, a partir de sus necesidades, de sus orientaciones e interés, de sus habilidades en desarrollo, de sus sueños y del genuino ejercicio de su libertad.


Carlos Ramón

(del 13/6/2015)

¿No a las drogas?

El punto no es despenalizar o legalizar “las drogas”. Son muchas las voces que hoy claman por ello, en contextos muy diversos, donde la marihuana aparece representando esta moda o esta necesidad. La “guerra contra las drogas ha fracasado”, se ha vuelto una frase recurrente, en muchos lugares, y discursos como el del líder del partido Liberal Democrático de Inglaterra, Norman Lamb, aseguran que sólo ha servido para llenar los bolsillos de los carteles, sin conseguir resultados halagüeños en la prevención y rehabilitación del consumo de tóxicos.

No es necesario ir tan lejos para convenir en ello…, pero es preciso afinar el foco de la discusión.

Recordemos que debe entenderse por “droga”, cualquier sustancia que interactúe con el sistema nervioso central, con diferentes grados de precisión en el efecto deseado y -por tanto- diverso impacto colateral en el organismo, incluyendo por cierto su toxicidad.

Aún mucha gente asocia el vocablo “drogas” sólo a las sustancias tóxicas ilegales que generan dependencia en quienes las consumen, en circunstancias de que éstas constituyen apenas un  muy escaso porcentaje en una larga lista, no siendo ni de lejos las que causan el daño mayor en la población.

Si una sustancia tóxica está absolutamente al alcance de cualquier persona que decida consumirla, ¿cuán importante es que la misma sea legal o ilegal?

¿Cuánto gasta un Estado en campañas para disminuir o evitar el consumo de alcohol?.

¿Y cuánto en horas/persona en edad productiva, perdidas por muerte o incapacidad tempranas asociadas directamente a su consumo?

¿Y los elevados presupuestos para levantar alguna cobertura de prevención terciaria, para personas ya con daño moderado y severo asociado al consumo de diversos tóxicos, legales o ilegales?

Es claro que la enorme campaña de legalización/despenalización del cannabis sativa es, cuando menos, una cortina de humo que distrae con un pretendido dejo libertario y progresista, de asuntos mucho más serios y oscuros, en los cuales las Élites no quieren que los ciudadanos comunes husmeemos. 

Si el etanol en sus mil presentaciones de color, sabor, gradación, envase, propaganda y otras características de las “bebidas alcohólicas”, que constituyen por lejos la sustancia tóxica de mayor prevalencia y causa los mayores daños individuales y sociales, es perfectamente legal, parece ridículo perseguir el uso de la marihuana en nuestras legislaciones.

Es verdad que cuando se legalice esta última, se generará un notable aumento de su uso en un espectro amplio de la población, como ocurrió tras el término de la “ley seca” en Estados Unidos en los 1920’s, generando un negocio billonario que hasta hoy beneficia a ciertos grupos poderosos y a los Gobiernos en todo el mundo.

Mas el punto NO es si debemos legalizar…

Las personas no sufren porque consumen sustancias tóxicas: ellas consumen sustancias tóxicas porque están sufriendo.

El fracaso mayor de los Estados y sus sucesivos gobiernos -de cualquier color- es no haber sido capaces de cuidar a sus naciones. Es no haber permitido su desarrollo y su realización personal y social, con lo que el afán de auto infligirse daño hubiese descendido de manera dramática, sin duda alguna.

Las sustancias tóxicas, y muchas otras formas de hacerse y de hacer daño, están y siempre han estado disponibles para los humanos, por ello la verdadera discusión no es pretender dificultar su acceso a una o dos de las primeras, intento que está probadamente fracasado. 

Si aún existe voluntad y energía en suficientes personas, invirtámoslas en poner en la agenda de la Administración la demanda por protección verdadera de la infancia y adolescencia, así como de toda la ciudadanía.

 

Carlos Ramón.

(del 13/6/2015)