Encuentros ciudadanos.

Tenemos que conversar. Como género humano estamos co-creando un desastre “afuera”, que sólo podemos corregir revisándonos “adentro”. Nadie lo hará por nosotr@s. No hay “autoridades” ni “instituciones” que puedan hacerse cargo…, ¿acaso no está suficientemente probado?

 

Los bancos y entidades financieras no paran de especular, estafándonos con sus créditos de dinero fraccionado, que a ellos nada les ha costado y que convierten en nuestra deuda, que sí les genera ingresos reales…, con nuestro esfuerzo.

 

Los gobiernos no están resolviendo nuestras prioridades pues obedecen a una agenda donde la ciudadanía -claramente- no ocupa un lugar importante, pues una y otra vez la “clase política” se las arregla para permanecer en la parcela de poder que le es permitida, turnando y reacomodando a sus operadores/as para ejercer los cargos dispuestos para ello.

 

La verdad es que no existe una democracia, sino un remedo de ella, con el rito de votar a gente impuesta por estamentos intermedios que no obedecen la voluntad ciudadana, sino a la misma agenda antedicha.

 

Sólo una persona ilusa puede creer la versión oficial del 11/09/2001, la conclusión de la Comisión Warren por lo de JFK, que el desastre del Transantiago se deba sólo a una inenarrable torpeza, que sólo ha existido “relación entre el dinero y la política” desde el destape reciente de SQM-PENTA-CAVAL y otros, etc.

 

En EE. UU., el stablishment ya asume que habrá grandes revueltas ciudadanas, de hecho las esperan…, con sus campamentos FEMA y su policía sobre armada.

 

La desgracia de la guerra, en cualquiera de sus formas e intensidades, hace presa hoy mismo de cientos de miles de personas en enormes áreas del planeta, porque así lo quiere y/o lo permite el poder fáctico.

 

El invento de una pandemia tras otra, sobre cuadros reales pero muy exagerados; la oferta interminable de drogas legales e ilegales para idiotizar a la población…, y generar ingentes recursos en negro; y todo aquello que alcanzamos a ver.

 

Necesitamos conversar.

 

Este cuadro oscuro estimula nuestra reacción también oscura. Eso no nos ayudará.

Debemos mirarnos y perder el miedo, para fortalecer una expresión ciudadana verdadera, desde la claridad y desde la paz, en nuestras localidades.

 

En La Serena, Chile, dispondremos de un lugar el día sábado 19 de Marzo, en nuestro salón de calle Gandarillas 1039, desde las 17:00 hasta las 19:00 hrs.

 

En este primer encuentro ciudadano local, ofreceremos una capacitación de mi esposa, Ximena Valdés, para que aprendan a usar la la ley de Garantías Explícitas en Salud (GES), un recurso disponible, poco difundido y absolutamente subutilizado.

La invitación está hecha.

 

Carlos Ramón.

(del 11/2/16)

Necesitamos conversar.

Un desafío mayor para la gente que despierta, es trascender el umbral de la rabia y comenzar a actuar en consecuencia, desde la calma y la profundidad que alcanzamos después.

 

Lo más común es acomodarse a las reglas del juego impuestas por el poder fáctico a través de “las instituciones”, lugar en que se encuentran las personas-masa y quienes se revuelven inquiet@s pero terminan sometiéndose al empuje alienante de aquél.

 

Luego están las personas reaccionarias, aquellas que visualizan y conocen del engaño al que la inmensa mayoría de la población ha estado sometida, y que, resultado de ello, experimentan básicamente una gran rabia contra quienes aparecen como identificables, en cualquiera de las miles de situaciones percibidas como injustas, en la cotidianidad.

 

A fe mía que este segundo grupo es mayor que el primero; es mayor que la masa. De ellos sabemos a diario y cada un@ de nosotr@s solemos ir y venir de este segundo grupo durante parte significativa de nuestras vidas. Una característica de este segundo grupo es el tomar partido…., el atrincherarse una y mil veces, perpetuando la actitud de enemigo ante la cual el 1% -la gran élite mundial- sonríe satisfecha.

 

Veamos: una religión, un partido político, una nacionalidad, una raza, un rango etario, un sexo, un nivel de ingresos pecuniarios, un nivel de educación formal, etc., categorías todas ellas que contribuyen eficientemente al milenario plan elitista de dividir para controlar.

 

Y hay un tercer grupo de personas, en franca expansión, que traspasa aquel umbral, pues se ha dado cuenta, no sólo de la existencia de infinidad de iniquidades -como el segundo grupo- sino también del control que ejerce el poder fáctico a través de la ingeniería social, de las reacciones más comunes e inmediatas de los humanos.

 

Este tercer grupo logra disolver la ira, pues comprende que lo que ocurre “afuera” sólo es posible porque much@s lo hemos estado proyectando desde “adentro”. Construimos en conjunto la realidad que experimentamos y la mutamos todo el tiempo, aparentemente sin control.

 

Una característica importante de este tercer grupo es su fragilidad al sentirse bastante solas las personas que lo integran, lo que lleva a la necesidad urgente y ominosa de conversar. De encontrarnos y generar un ethos grupal. De mantenernos despiertos. De actuar.

Carlos Ramón.

(del 10/2/16)

Las notas en la Escuela, una perversión más del poder fáctico.

¿Cómo es que llegamos a normalizar la práctica obscena y retorcida de “poner nota” a l@s niñ@s en la Escuela? ¿Cómo fue que esbirros del poder fáctico mundial -con el respaldo de una Academia también corrupta- lograron instalar la competencia como un “valor” apreciable e, incluso, dotándola de naturalidad?

Es preciso revertir el efecto de más de 200 años de escolarización masiva en todo el mundo, que ha (des)calificado a niñas y niños, les ha comparado, les ha vejado, les ha inoculado la falsa necesidad de competir con sus pares, la creencia de que “deben” ser mejores que sus compañer@s y aún que sus amig@s y herman@s.

Muchas generaciones de víctimas infantiles, que de adultos nos tornamos cómplices de la misma infamia…, con nuestr@s hij@s.

Basta.

No estamos obligados a perpetuar conceptos antes higienistas y hoy genocidas.

No hay personas mejores y personas peores. No hay niñ@s mejores ni peores.

Somos -sabemos- de naturaleza compleja. Mientras más profundo nos observamos como seres humanos, más semejantes nos descubrimos. Mientras más desde afuera nos observamos, más diversos nos constatamos.

Ambas perspectivas son correctas, necesarias y magníficas. 

Existen en el mundo cada vez más Escuelas que -como nuestra Escuela Biocéntrica de la Serena- prescinden de las “calificaciones” o de una evaluación directa de l@s niñ@s, comprendiendo que la obsesión oficial por discriminarles sólo obedece a un propósito perverso, disfrazado de un pretendido mecanismo de “promoción” y de “estimulación” que, por lo demás, tiene mucho de ilusión.

Carlos Ramón.

(del 10/2/16)

¿Quién hace girar la tómbola?

¿Quién hace girar la tómbola?…, ¡esa que contiene las pelotas de colores que representan los partidos políticos, pues!; que suele tener en muchos países apenas dos o tres y que en esta larga y angosta faja presentaba -maquillaje más o menos- dos pelotas grandes: Concertación por la Democracia, devenida Nueva Mayoría y Alianza por Chile, devenida Chile Cambia.

Ambas, tal como el tradicional modelo favorito de Chile: Republicanos y Demócratas, juegan y saltan dentro de la tómbola cada ciertos años, concentrando la mirada ingenua y/o estupidizada de millones de ciudadan@s que han hecho filas (antes más que ahora) para “ejercer su deber cívico” ante las urnas.

Nadie o muy poc@s miran la mano que hace girar la tómbola…, mbola…,mbola…, mbola…

Hoy hacen ruido en Chile y otros países, algunas pelotas nuevas que quieren ser ingresadas en la misma tómbola, con mayor o menor consciencia de la futilidad de su alegre o ladino intento.

Así, “Ciudadanos”, “Todos”, “Liberal”, “Amplitud”, “Izquierda Ciudadana”, “Igualdad del Sur”, entre varios otros, amén de las pelotas no tan nuevas y que también aspiran a ser parte del “club”.

Consultados algunos de ellos, acerca de ¿porqué insistir en formar parte de un club, que genera una animadversión cada vez mayor en la ciudadanía?, he recibido como respuesta que “es la única vía posible para participar en la política e intentar mejorar las cosas”.

Una respuesta noble y rápida.

Personalmente, no me siento llamado a seguir a alguien más. Los Mesías ya vinieron a la Tierra…, y se fueron hace mucho tiempo.

Ningún esfuerzo institucional, antiguo o nuevo, por llevar agua a su respectivo molino, va a cambiar sustantivamente el statu quo.

Es menester que el agua siga libremente su cauce…, en el sentido que la propia agua elija, de acuerdo a la información que obtiene acerca del terreno por donde fluye.

Ello implica trabajar, por cierto, pero ¿hasta cuándo esperar que “alguien” u “otr@s” decidan y actúen por nosotr@s?

Yo formo parte del mayor conglomerado de expresión ciudadana en Chile y el mundo: aquellos que libremente elegimos no votar, es decir, los que estamos mirando la mano que mueve la tómbola.

Carlos Ramón.

(del 15/1/16)

El sentido de no botar.

Yo no voto. Formo parte del colectivo de expresión política de mayor crecimiento entre la población chilena, que -como en muchos otros países- no acude a las urnas a emitir su voto…, a despecho de lo que desean las “autoridades” y sus fervientes llamados a “ejercer el deber ciudadano”.

No boto a la basura mi soberanía, mi libre albedrío, pues se trata de mi propia esencia, y toda asociación en la que libremente resuelva participar, está subordinada a la legítima expresión de mi singularidad, que no obedece a consignas externas ni se somete a negociación. Los partidos políticos son sólo una suerte de clubes menores, que buscan con afán acceder a una parcela del pequeño poder, que el gran poder fáctico transnacional dispensa a estos operadores, a cambio del trabajo de mantener la obediencia ciudadana, tras la ilusión de un mundo mejor que el que tan bien conoce. Y si su cómoda alternancia bipartidista comienza -como ahora- a hacer agua, pues alimenta aquella ilusión con la instalación de nuevos partidos y/o alianzas, como bolas adicionadas en la misma tómbola.

No boto el sentido común que me asiste, y que me dice con vehemencia que la única utilidad que tiene seguir la propuesta oficial que se pretende hacer pasar por democracia, es cubrir con una breve capa de legitimidad la perpetuación del poder en manos de un grupo minoritario de personas, al servicio de quienes desde la sombra, detentan el verdadero poder, con independencia de la imagen que cuelguen cada cuatro años en todas las oficinas públicas. Jamás he visto que la vecindad haya elegido a sus representantes, sino que una y otra vez son esos partidos políticos los que imponen los nombres que luego pretenden, burdamente, hacer pasar  por líderes de la ciudadanía. Todo ello, claro, con la anuencia debida del poder oculto.

No boto la consciencia que soy capaz de sintonizar, y que me ilumina día a día para tomar las decisiones con que construyo mi existencia. Me doy cuenta de que “izquierdas” y “derechas” son una mera trampa conceptual introducida desde el siglo XVIII por el mismo poder oculto, para mantener eternamente dividida a la población y así ejercer con facilidad el control sobre la misma.  

No boto mi inteligencia, que me permite comprender que ni el estado ni el mercado son en sí mismos una garantía de transparencia, equidad y eficiencia, por cuanto ambos constructos -como toda institución humana- están siempre supeditados al desarrollo humano de las personas que participan de uno u otro sistema y, de sobremanera, de quienes tienen un mayor poder decisional en cualquiera de los dos. 

No boto mi voluntad, el motor de mi existencia, pues no renuncio a ser protagonista de mi historia en vez de un mero espectador. La mayor responsabilidad en la perpetuación de esta pseudo democracia es de la propia ciudadanía. Por mi parte, sólo votaré cuando se trate del ejercicio de elegir de entre nosotros/as, ciudadanos/as de todos los rincones del país, a aquellas personas que conocemos y en las que decidimos confiar que hagan en nuestro nombre, el trabajo que a todos nos corresponde, de administrar nuestra vida en comunidad, por un período acotado y sujeto siempre al escrutinio de un Observatorio Ciudadano que dé cuenta de la excelencia en el ejercicio de las tareas encomendadas, a la asamblea que, de modo directo, libre de pretendidos representantes profesionales, tome sus decisiones. No es un sistema perfecto, porque ninguno de nosotros/as lo es, pero se acerca más que ningún otro al principio de participación, representación, ejecución, evaluación y perfeccionamiento.

Carlos Ramón. 

(del 3/1/16)

¿Democracia?

En España el Poder fáctico mundial despliega una nueva distracción, en su juego de hacernos creer que existe democracia. Se quiebra el “bipartidismo” y su tradicional disputa debe incluir ahora dos clubes más…, para llenar los medios masivos con toda clase de comentarios, especulaciones y movimientos en el tablero del poder subordinado, que la Meta Élite destina a quienes hace aparecer como los líderes de las naciones.

 

En Chile, el mismo Poder en la sombra también se esmera en hacernos creer que existe democracia, porque cada tanto un grupo cada vez menor de personas acude a votar por algun@ de l@s candidat@s impuestos por esos clubes intermedios, que se arrogan una representatividad que claramente no tienen. 

 

Aquí el espectáculo es vergonzoso, al interior y entre ambas coaliciones, así como de aquellos que se quieren distanciar de las mismas para formar otros referentes que -a la usanza de los ibéricos Podemos y Ciudadanos- refuercen la noción de democracia entre una ciudadanía cada vez más despierta y, consecuentemente, menos embaucable. 

 

Aunque todavía sean much@s quienes creen que al haber “rostros nuevos” o “partidos nuevos”, la supuesta democracia de verdad funciona…..

 

Probablemente se trata de un universo similar al de quienes creen en la “exitosa” reciente cumbre de París -COP 21- sobre el cambio climático, donde la propaganda oficial dice que los países concurrentes sellaron el compromiso vinculante de reducir la contaminación por emisión de gases de efecto invernadero y detener el calentamiento global antes de los dos grados adicionales…, en circunstancias de que el aparato productivo mundial no dejará de abrir nuevas y numerosas plantas de generación de energía a carbón o petcoke y mucho menos reemplazará en las décadas próximas, el parque de máquinas y vehículos de combustión contaminante. 

 

Similar universo de personas que apoya y apoyará la suscripción de los tratados internacionales de comercio transatlántico y transpacífico, que sólo por el hecho de haber sido negociados y redactados en secreto, a espaldas de las propias naciones involucradas, pero con un casi absoluto protagonismo de grandes corporaciones internacionales que con certeza buscan su propio beneficio, debieran ser vehementemente rechazados.

 

No hay ni puede haber democracia sin representación del Demos.

No hay representación de quienes habitan un país, si éstos no tienen participación o si ésta es tan débil como la pantomima que conocemos y que nos venden como un “buen sucedáneo”.

 

Asistimos al extraño fenómeno social de la asimilación de intereses entre quienes en la cúpula intentan con denuedo mantener el control y el de esa aún gran masa de habitantes que no quiere ejercer su propia soberanía y teme hacerse cargo de su responsabilidad personal en el esfuerzo que implica la organización ciudadana.

 

Es comprensible que la Meta Élite mundial y sus representaciones locales no quiera una democracia, pues ello amenaza el precario equilibrio sobre el que se asienta la insoportable iniquidad resultante del abuso en que muchos tenedores del poder han incurrido. También puede entenderse en el otro extremo, el fenómeno de la “desesperanza aprendida”, tras milenios de violencia, sometimiento, esclavitud  y precarios pactos sociales.

 

Aspiro a que, a las puertas del colapso mundial en que no puede haber vencedores, el desarrollo de la consciencia ciudadana alcance de una buena vez, el punto en que debe asumir su inevitable protagonismo.

 

Ya no podemos seguir mirando para el techo.

 

Es tiempo de mirarnos y de mirar a nuestros vecinos, con toda su diversidad, para comenzar a conversar acerca de lo que nos afecta.

 

Cuando miramos a otra persona y la sentimos cerca, algo muy hermoso se manifiesta, que proviene de la esencia de nuestra condición humana.

 

Cuando miramos a otra persona y la sentimos cerca, comienza a desvanecerse la coraza que nos enseñaron a construir para mantenernos alejados.

 

Es tiempo de comenzar a organizarnos desde los barrios hacia todo un país. Sólo así podremos construir una democracia verdadera, aún con todas sus imperfecciones. 

Es tiempo de trabajar directamente y necesitamos saber qué tipo de nación queremos, para dirigir nuestro esfuerzo en esa dirección.

 

Parafraseando a Lao tsé, un camino de mil kilómetros, comienza por el primer paso.

 

Carlos Ramón.

(del 22/12/15)

Sinapsis social.

La carencia de conversación, la desaparición de la tertulia y todo aquel sano ejercicio de intercambiar saberes, de dar de sí y recibir de otros, puede ser de algún modo compensado con las herramientas de la comunicación virtual. He escrito algunos artículos en un blog que utilicé como una suerte de bóveda…, prácticamente sólo para mí, pero siento la necesidad de avanzar y, como tantas otras personas, intentar abrir conversaciones, establecer un feedback con quien(es) tenga(n) a bien interactuar conmigo en este espacio.