El factor Tomás Mosciatti

El conocido hombre de las comunicaciones, a través de la importante red informativa Bío Bío Chile, de propiedad de su grupo familiar, se encuentra en el último año y públicamente por estos días en una circunstancia compleja, demandado severamente por daños y perjuicios, por un integrante de la llamada clase política de este país, de nombre Eugenio González Astudillo, un hombre más bien oscuro para la gente común, un profesional que ha preferido ser uno de esos operadores con poder en las redes de la élite chilena, que parecen moverse a ambos lados de la línea que separa la ilegalidad, de la ética y de la moral en que siempre se deben fundar las instituciones previstas para el funcionamiento sano de la vida pública nacional.

¿El pecado de Tomás Mosciatti?, pues el de ser un analista y comunicador perspicaz, que todo indica no está vendido a la rama local del Cabal transnacional y que hace un ejercicio muy destacado de la libertad de opinión en este país.

En lo personal, me considero un mero habitante de Chile -en mi caso un habitante legal- aunque aspiro a conseguir alguna vez la condición de Ciudadano, esto es, una persona que participa en las decisiones de la Nación a la que pertenece, para dejar de ser apenas un espectador y recipiendario de las decisiones que otros habitantes toman a diario en todas las facetas de la vida nacional, obligándome a vivir de acuerdo a leyes, normas y procedimientos en cuyo origen y discusión jamás he sido invitado a participar.

Así por ejemplo, el proceso denominado eleccionario, es en mi opinión una parodia usada para justificar la ilusión de democracia que esa misma élite diseñó desde que dejamos de ser España, obedeciendo al aparato transnacional de control de la población. En consecuencia, desde que tomé conciencia de ello me he abstenido sistemáticamente de votar por nombre alguno que esa pequeña minoría denominada la clase política -desde el rojo hasta el azul- instala cada vez en las papeletas de votación, esperando que la manada humana acuda mansamente al redil donde se ejecuta la trampa. Sí, la gran trampa de hacernos creer que estamos eligiendo nosotros a alguien para que nos gobierne.

Por supuesto, yo también alguna vez acudí a votar, en la creencia entonces, en el año 1993, que debía sumarme a quienes sentían que alguien había logrado presentarse en la elección presidencial por fuera de los partidos, alguien independiente. Así fue como usé mi registro, hice la fila y voté por Manfred Max Neef, sólo para participar en el testimonio que me pareció válido, alternativo al diseño imperante e impuesto sobre la Nación chilena, como en los demás países.

Nunca más volví a votar. Mucho menos ahora con la vergonzosa connivencia de la clase política, hoy más evidente que nunca antes, mostrada sin pudor por el tándem Bachelet-Piñera en los últimos 14 años, que le ha puesto bastante más fácil a la gente que piensa un poco más, que la denominada clase, cártel o mafia política es una y la misma.

Sin embargo, si hay una persona por la que yo volvería a votar para ser Presidente de Chile, esa es el Abogado y Comunicador Tomás Mosciatti Olivieri. No lo conozco personalmente y jamás me he comunicado con él; por supuesto asumo que como todo ser humano, tiene luces y sombras, pero lo he escuchado incontables veces en sus comentarios y análisis políticos, en sus entrevistas a muchas otras personas y ello me permite pensar y sentir -dentro de mis propias limitaciones- que se trata de una persona de excepción dentro de los medios de comunicación en Chile. Alguien a quien le he escuchado criticar fundadamente la mala gestión de funcionarios de todo el espectro político y de todos los poderes del estado, siempre desde una mirada que busca relevar aquello que muchos antiguos denominaban “lo correcto”, con valentía y honestidad, al frente junto a quienes le rodean, del complejo informativo Bío Bío Chile.

El triste espectáculo que los chilenos más despiertos podemos observar en este país, marcado por la degradación cultural planificada, financiada y ejecutada sistemáticamente desde hace muchas décadas, tiene alguna posibilidad de cambio favorable si nosotros los habitantes legales somos capaces de generar un movimiento inteligente, es decir, lejos de la violencia y lejos de todos los partidos políticos. Podemos si queremos, levantar nuestras cabezas y observar a quienes nos rodean, distinguir entre ellos a quienes en nuestro interior sentimos más afines, ¿sabe? aquellos con quienes podríamos sostener una conversación serena y significativa tanto en el acuerdo como en el disenso, organizarnos localmente para comenzar a asumir nuestra responsabilidad como personas adultas e iniciar un trabajo en dirección a la Autodeterminación, es decir, construir un modo de vida de acuerdo a lo que nosotros queremos y dejar de vivir de acuerdo a un supuesto contrato social que jamás hemos firmado pero sí se nos ha impuesto. Por 202 años.

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