Abstención: una expresión de democracia.

La reciente elección nacional en Portugal, el día domingo 6 de Octubre, muestra algo a lo que -presumo- a la clase política no le gusta referirse públicamente. Esto es el creciente movimiento abstencionista entre los habitantes de los más diversos países, como intentaré recordar en este artículo.

Sin duda a la mitad izquierda del espectro partidista le interesa mostrar “su triunfo” en el país lusitano, donde el Sr. António Costa podrá seguir por cuatro años más al frente del Gobierno formal, representando al Partido Socialista, uno de los jugadores en el juego del Estado Profundo para hacernos creer que existe democracia.

Sin embargo, del mismo modo que en Chile, donde tanto Bachelet como Piñera accedieron al Gobierno formal con los votos de apenas el 26% del padrón electoral, en sus respectivos segundos mandatos, Costa lo consiguió con sólo el 20% del universo electoral portugués. 

Esto es así, porque el 36,65% de la primera mayoría, votación alcanzada por el Partido Socialista y con el cual obtuvo 106 escaños en el Parlamento -énfasis profusamente difundido por los medios masivos- es sólo en función de los alrededor de 5.886.827 personas que ese día acudieron a las urnas, un 54,45% del padrón electoral.

La abstención del 45,55% de las personas con derecho a voto en Portugal, es la más alta que se ha registrado en ese país, en elecciones nacionales. No me referiré aquí a las elecciones europeas, donde el fenómeno de la abstención es mayor y por razones distintas que al interior de cada país de la Unión.

Pero ese récord en la decisión de los portugueses de no participar del proceso eleccionario, a despecho del diseño de la élite que controla ese país, desde dentro y desde fuera, está lejos del récord chileno en este mismo comportamiento humano.

Chile ostenta el registro de la mayor abstención electoral en el mundo, bastante mayor al 50% del padrón electoral, tendencia que se ha mantenido firme desde que en el año 2012 se estableciese el voto voluntario. Este récord sólo disminuyó en la segunda vuelta de la última elección presidencial cuando -de todas maneras- fue más alto que el porcentaje de quienes votaron, alcanzando un 51% de abstencionistas. 

Recordemos algunas cifras de abstención en Chile:

Municipales 2012 : 57,05 %
Presidencial 2013 : 58,12 %
Municipales 2016 : 65,17 %
Presidenciales 2017 1ª vuelta : 53,35 %
Presidenciales 2017 2ª vuelta : 51 %

Este fenómeno de la abstención electoral se repite en muchos países del mundo, y señalo a continuación algunos ejemplos:

Canadá Octubre 2015 : 31,5 %
Estados Unidos Noviembre 2016 : 34,6 %
México Julio 2012 : 35,3 %
Costa Rica Abril 2014 : 43,4 %
Colombia Junio 2014 : 52,1 %
Paraguay Abril 2013 : 32 %
España Junio 2016 : 34,1 %
Francia Mayo 2017 : 25,4 %
Reino Unido Junio 2017 : 31,3 %
Austria Diciembre 2016 : 25,8 %
Alemania Septiembre 2017 : 23,8 %

Sin duda, son cifras que preocupan al Estado Profundo -para usar esta expresión común al referirme a aquella élite que busca con denuedo el control absoluto de la población mundial, por todas las vías imaginables- y que explican las numerosas y onerosas campañas desde todos los actores políticos, para empujar a la gente a que acuda a las urnas con cuñas tan conocidas como “cumpla con su deber ciudadano” o “no dejes que otros decidan por ti”.

Invariablemente, unos y otros sectores del espectro político partidista sólo relevarán sus resultados favorables cuando, en el juego que denominan democracia, se turnan en el ejercicio de administrar el Estado desde el gobierno formal o desde la supuesta oposición.

Así como ese Estado Profundo maneja lo que conocemos como “disidencia controlada”, en cada país, también maneja el tono y profundidad de la aparente enemistad irreductible entre los diversos sectores del mismo espectro, la incombustible clase política.

Ellos no van a destacar, obviamente, el creciente y sostenido ruido que -cual anuncio de terremoto- desde las profundidades de la consciencia humana, en su movimiento entre las capas tectónicas de los ámbitos individual y colectivo, viene anunciando el desplome de su diseño de control; este sucedáneo de democracia que nada tiene de representativa y a la cual día a día, más y más personas miran de frente para decirle ¡no más!   

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