Partidos políticos vs Soberanía.

El concepto mismo de “partido”, “secta” o “facción” alude desde su génesis a la búsqueda de división entre los Pueblos, es decir, carga con un fuerte sesgo negativo desde el origen, aunque  sus instigadores hayan querido convencer a la gente de que se crearían para representarla y para favorecerla.

Relativamente nuevos, no más atrás de fines del siglo XVII, los partidos o facciones han sido la  moderna via regia de quienes han buscado y conseguido controlar la organización de los Pueblos, asegurando para sí el poder y la perpetuación de su posición privilegiada.

Un siglo más tarde, durante la Revolución Francesa, el Poder de Facto instaló las nociones de “izquierda” y “derecha”, a propósito de la distribución de los protagonistas visibles en el salón de reuniones de la Asamblea Nacional Constituyente, durante la discusión entre monarquía parlamentaria y república, como sistemas de retención del poder y control de la población.

Transcurridos más de dos siglos, para una cohorte cada día mayor de ciudadanos despiertos o en proceso de despertar, es evidente hoy que los “partidos” y su encasillamiento común en una u otra de esas categorías de lateralidad, forman parte de un diseño ingeniosamente producido e instalado desde la sombra por el Poder Real.

“Izquierda” y “derecha” mostradas ante la población como si fuesen enemigos o, al menos, adversarios, a pesar de que sólo se trate de los dos lados que constituyen una unidad central, como la imagen de un ave con sus dos alas.

Las diferencias que observamos entre unos y otros son efectivas, pero sólo hasta cierta profundidad, de modo que a los ojos de los ciudadanos parece real que un político “de izquierda” se encuentre en las antípodas de un político “de derecha”.

¿Que no da lo mismo un gobierno “de derecha” que uno “de izquierda”?, pues claro que no…, pero sólo hasta cierto nivel. Hasta donde habitualmente alcanza a ver la población general.

Las plumas de la misma ave, tanto en su ala izquierda como en su ala derecha, efectivamente muestran diferencias entre una extremidad y la otra, así como al interior de cada una de ellas, de modo que  encontramos plumas con diferente función, colorido, tamaño y ubicación. Tal como ocurre con los políticos “de izquierda” y “de derecha” que ante la Nación se erigen como rivales, diferentes y hasta irreconciliables, pudiendo ello ser efectivamente así…, pero sólo hasta cierto punto. Un día están “en el gobierno” y otro día “en la oposición”, siendo mantenidos y financiados los mismos funcionarios ejecutivos, legislativos y judiciales, en diferentes cargos,  por más o por menos tiempo, incluso dentro de un mismo período de Administración.

Las dos alas pertenecen a la misma ave y los hechos nos muestran que el ave, pertenece al mismo Poder.

Los ciudadanos no necesitamos este diseño que persigue mantenernos permanentemente divididos.

Es tiempo de quitarnos de encima esta opresión pues -por lo demás- está cada día más claro que quienes estén ocupando los cargos de la Administración, obedecen a una misma agenda, cada vez con menos pudor por ya no parecer tan diferentes.

Una Nación puede darse un ordenamiento organizacional diferente del clásico conocido, éste que nos ha sido impuesto. No necesitamos intermediarios que se ofrecen a sí mismos y que se arrogan nuestra representación, en circunstancias de que sólo representan al Poder de Facto que  -a través del sistema de partidos políticos- los instala en las papeletas de votación primero y luego en los diversos cargos con que financia a ganadores y perdedores, para asegurar el cumplimiento de su agenda oculta, en primer lugar, y para desarrollar mejor o peor el programa público de cada Gobierno de turno.

Los ciudadanos y las ciudadanas, en tanto personas adultas, debemos hacernos cargo de todos los asuntos que nos competen, de modo que en cada asentamiento humano podemos generar una orgánica de participación de sus habitantes. Una asamblea y las instituciones necesarias para que fluya la voluntad de los vecinos y vecinas y para que el control de la ruta por la que hemos decidido caminar, permanezca en nuestras manos. Esto es lo que yo entiendo por soberanía.

12 comentarios en “Partidos políticos vs Soberanía.”

  1. Para un consego de partidos de clase burguesa, eso está bien claro hace tiempo.
    También el concepto del ciudadano de primera o segunda categoría (léase ABC1, etc).
    El concepto de partido político de clase no está desarrollado.
    Por tanto difero del artículo.

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    1. Gracias por responder, Rubén, y por hacer uso de tu derecho. Está bien discrepar. Para mí un partido político es un partido político, sin más apellidos, todos funcionales a un mismo Poder en la sombra o Poder Real, como lo demuestran los hechos en todo el mundo.

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  2. No comparto el artículo . Un partido político ,para cualquier ciudadano normal , no es más que una corriente de opinión , un ideario o una visión de sociedad , con la que cada individuo se identifica o comparte y luego opta o elige para para encomendarme la conducción política u otro tipo de liderazgo , y los habrá tantos como visiones semejantes decidan agruparse y organizarse , ¡ NO COMPARTO LA IDEA DE REMONTARSE TANTO A LAS ALTURAS , Y PERDER DE VISTA LA TIERRA !!!!

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    1. Gracias Miguel, por la interacción. Es una mirada válida la tuya, entender un partido político sólo como una corriente de opinión. Sin duda nuestras miradas difieren en esto, lo que es muy respetable para mí. Desde lo que he podido ver, no le atribuyo a un partido político la más mínima inocencia. Daría para compartir un café.

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  3. Desde siglos, los seres humanos , han establecido divisiones, ya sea por territorios, por razas o creencias de tipo religioso. Esta’ en la naturaleza humana e incluso en animales no humanos.

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    1. Sin duda Smirna, somos gregarios y por tanto de buscarnos por afinidad, simpatía y proyectos comunes. Esto corresponde a mi entender a un orden distinto de la imposición del divisionismo en el sentido vertical que lo ha hecho siempre la élite oscura de turno.

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  4. Muy interesante el artículo, y las opiniones , los partidos políticos son tan divisorios como la religión, que pena que ellos se han vuelto personas hambrientas de dinero y poder, pagando la ciudadanía las consecuencias, eso nos deja más que claro que el hombre como “género ” es un ser intrínsecamente perverso cómo lo han demostrado siempre los gobiernos de turno, hubo en la historia algún gobernante que haya querido lo mejor para su pueblo?

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    1. Gracias Amanda, para mí es muy satisfactorio contribuir al diálogo entre las personas, con altruismo y respeto, que son en mi opinión inherentes a nuestra naturaleza humana.
      Aunque es cierto que cualquier construcción conceptual que los humanos somos capaces de hacer, lleva el riesgo inherente de crear división, ante cualquier otra conceptualización de nuestros semejantes tan genuina como la primera, también es cierto que el brote del divisionismo ocurre en un estrato de nuestra psique invadido por el miedo y alejado, por tanto, del amor.
      Por esta razón es que aquellos muy pocos que en cada tiempo y lugar consiguen tener poder sobre la mayoría de sus semejantes, vomitan su propaganda incesante de estímulos atemorizantes, a través de los innumerables medios de comunicación de su propiedad.
      Para hacernos inmunes a esa violencia alienante, a ese lavado de cerebro, necesitamos volver a situarnos cerca del polo del amor…, alejándonos del miedo.

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  5. Carlos Ramon ,primeramente quiero felicitarlo x dar la oportunidad de generar esta interaccion que tanto x lo intetesante del tema como x la diversidad de opiniones es enruquecedora genuina y respetuosa . Decirle ademas que comparto su planteamiento y agregar que aparte del miedo como emocion paralizante para el libre desarrollo del pensamiento y la creacion esta el la ingenuidad de dar validez a afirmaciones solo x el hecho de orovenir de fuentes supuestamente confiables y el prejuicio de ser invmcapaz de romper esquemas . Si el abrirse a vivir en el amor sin miedo y din temor a las perdidas es lo que nos peoyects e imumina realmente.

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    1. Gracias María Isabel. Tienes razón al apuntar a la ingenuidad de muchas personas, incluyéndome, en tanto creer en aquello que denominan “fuentes oficiales”, acápite del espectro de la ingenuidad en el yo dejé de serlo hace décadas.
      Creo que esa expresión de ingenuidad obedece al fenómeno de la infantilización tan extendida en la población en edad adulta, tanto por la implacable vorágine de estímulos intimidatorios desde el núcleo del Poder de Facto a través de sus medios de alienación, como por la actitud pasiva de esos millones de personas que suelen caminar mirando el suelo y van a votar irreflexivamente cuando “la voz del amo” les llama a “cumplir con su deber ciudadano”…, postergando una y otra vez su deber adulto de hacerse cargo de sí mismos.

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  6. Hola. Para mi no existe la union absoluta de todas las personas, por tanto es dificil pensar que los individuos sapientes no se agrupen. Si ya tenemos diferencias ancestrales cono las costumbres, la idiosincracia, el idioma ya estamos agripados y no divodidos que es otro concepto. Los partidos politicos son liderados por personas que en principio tienen horizontes ambiciosos y tienen en mente sobresalir apoyando a otros, no obstante esto se va perdiendo y se cambia el horizonte cuando el dinero y el poder cambian los objetivos de una mente débil como la de los líderes.

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    1. Hola Luis. Ciertamente la unión absoluta de todas las personas corresponde a un logro que sólo conseguiremos cuando el desarrollo de nuestra consciencia sea suficientemente elevado. En muchos siglos más…, o tras un evento catastrófico más cercano.
      Somos gregarios por naturaleza, es decir, siempre buscaremos asociarnos con nuestros semejantes, sin embargo, esa búsqueda hasta ahora la hacemos mucho más desde la periferia de nuestro propio ser individual y no desde nuestro centro o esencia. ¿Me doy a entender?. Desde mi expresión más externa o periférica me conecto con la expresión periférica de otros…, es decir, podremos entendernos en asuntos exteriores tales como hinchar por un equipo de fútbol, registrarnos en un partido político o convertirnos a una religión.

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