Principio Biocéntrico y Salud.

El Principio Biocéntrico propuesto por el Profesor y Psicólogo Rolando Toro Araneda tiene como referencia inmediata la vida, y se inspira en las leyes universales que conservan los sistemas vivos y que posibilitan su evolución. Este autor chileno es el principal referente mundial en la comprensión Biocéntrica cuyas ideas centrales iluminan el quehacer de nuestra Fundación Saint Germain, en La Serena, Chile y su Programa de atención en salud mental.

Con la formulación, desarrollo e implementación metodológica de su propuesta, Rolando Toro Araneda se adelantó varias décadas en la descripción y comprensión de lo que hoy podemos definir como una revolución en el desarrollo de la especie humana, tan grande como el paso de nuestros antiguos ancestros desde la recolección a la agricultura. Este es el paradigma que se instala con fuerza por todo el mundo en nuestra época, que tiene por propósito y motivación el cuidado de la vida, en sus múltiples formas y manifestaciones.

Posteriormente, y por razones que hoy ya no podría atribuir al azar, otro profesional, el Dr. Robert P. Lanza, de Boston, ya avanzada su precoz carrera en el campo de la biología embrionaria, concibe también el Biocentrismo y titula de ese modo su libro del año 2009, con la bajada que reza: “La vida y la conciencia como claves para comprender la naturaleza del universo”. 

Rolando Toro señala que el Principio Biocéntrico por él concebido durante la primera parte de su carrera, en las décadas del ´40 al ´60 del siglo pasado, “establece un modo de sentir y de pensar que toma como referencia existencial la vivencia, surgiendo como una propuesta anterior a la cultura y se nutre de las informaciones que tenemos sobre los seres vivos. Tal propuesta puede parecer sorprendente, ya que estamos habituados al uso de la lógica deductiva, esto es, solemos sacar conclusiones preestablecidas de ciertos hechos y el método aplicado aquí, al revés, no es preestablecido, partimos del hecho incuestionable de la existencia de la vida “aquí y ahora” para interrogarnos sobre el origen del cosmos y todo lo que contiene. Nuestro abordaje de la consciencia parte, así, de la vivencia de estar vivos y de la certeza de que esta vivencia constituye el dato inicial.”[1]

“El Principio Biocéntrico -señala Rolando Toro- pone su interés en un universo comprendido como un sistema vivo. El reino de la vida comprende mucho más que los vegetales, los animales y el ser humano. Todo lo que existe, desde los neutrinos al quasar, de la piedra al pensamiento más sutil, forman parte de este sistema vivo prodigioso. De acuerdo al Principio Biocéntrico, el universo existe porque existe la vida, y no al revés.”

“El pensamiento tradicional sostiene que la vida nace de las diversas combinaciones de elementos químicos en ciertas condiciones de temperatura y de presión apropiadas, en un ambiente donde ya estaba presente el agua, el carbono, el fósforo, el sodio y otros elementos. Mas, al contrario, el universo como totalidad puede ser concebido como un organismo creador de vida; dentro de este universo la vida se expresa en una infinidad de formas.”

“La estrategia de transformación existencial cambia a partir del Principio Biocéntrico: los parámetros de la vida cósmica reflejan los parámetros de nuestro estilo de vida. En otros términos, nuestros comportamientos se organizan como expresión de vida y no como medios para alcanzar fines externos, políticos o socioeconómicos. Ellos se desarrollan para crear más vida dentro de la vida. Si las circunstancias sociales y culturales son adversas, pueden ser transformadas no con la ayuda de ideologías y de acciones políticas, sino restableciéndose a cada instante en nuestra existencia, las condiciones por las cuales ella (la vida) sea protegida.”

“El núcleo creador de la cultura del tercer milenio está por nacer con la integración de la biología a la física y vice-versa. A partir del momento en que presumimos que la vida no provenga de un proceso bioquímico de materia inanimada, sino que la materia, aparentemente inanimada, se organice como resultado de un sistema vivo omnipresente, el abordaje de esas ciencias se invertirá radicalmente.

“El Principio Biocéntrico es, por tanto, un punto de partida para estructurar las nuevas percepciones y las nuevas ciencias del futuro (ya presente), relativas a la existencia: atribución de prioridad al ser vivo; consideración del determinismo como ilusorio; abandono progresivo del pensamiento lineal en favor de la sincronicidad y de la resonancia de los acontecimientos; descalificación de las filosofías que buscan una verdad única, pues dentro de cada verdad se esconde otra. El determinismo de causa y efecto sólo es válido para los fenómenos macroscópicos.”

“Los hábitos intelectuales de selección, evaluación y de juicio hacia los objetos y fenómenos serán sustituidos por la percepción de regularidades y matices dentro de situaciones caóticas. La cuestión de “porqué” cede su lugar en favor del “cómo”. Todo lo que cuenta es la presencia del ser vivo que se manifiesta en medio de ruidos y situaciones aparentemente aleatorias, ya que el sentido de la vida está en la vida misma y prescinde de la elaboración de significados extrínsecos. Por eso, el fenómeno de la consciencia, así como se manifiesta en el ser humano, no se limitará más a tomar en consideración las múltiples reacciones de la entidad viva según parámetros antropológicos o mecánicos.”

“Así como la física encuentra su lugar en el cuerpo de la biología, la consciencia se inserta en el campo de la vivencia, si es posible definir lo emocional como la experiencia suprema del contacto con lo real. Si la verdad, según la concepción tradicional de la ciencia, es una proposición tautológica, puede, a pesar de ello, alcanzar la dimensión de certeza cuando se organiza tomando como referencia ineludible a la vida: ser, por tanto, el sentido mismo de la propia existencia, como un bailarín es, él mismo, ritmo y armonía.”

En palabras de Robert P. Lanza,[2] “la perspectiva biocéntrica, en que la vida y la conciencia son la base imprescindible para comprender el universo, gira en torno a cómo una experiencia subjetiva, a la que llamamos consciencia, se relaciona con el proceso físico”, en una aproximación extraordinaria, no sólo semántica sino conceptual con el pensamiento de Rolando Toro, centrando la atención en el hecho de que “no existe el azar, sino un diseño inteligente” agregando que “las representaciones de la existencia nunca son fruto del azar…, es posible concebirlas, por el contrario, como aventuras, o quizá como una melodía tan vasta y eterna que los oídos humanos no son capaces de apreciar toda la gama tonal de la sinfonía”.

Al acceder a la comprensión Biocéntrica, ambos coligen que la vida es anterior y hace posible al cosmos, al revés de como todos lo hemos aprendido hasta ahora, y participo absolutamente de la decisión de dejar fuera toda alusión al acaso,  aceptando -por tanto- un principio inteligente, que está manifestándose en el “aquí y ahora” a través de la percepción subjetiva de nuestra consciencia.

Para Robert Lanza, es la conciencia una dimensión tan inevitablemente presente como desconocida y aún omitida por gran parte de la comunidad científica convencional, a pesar de que es la propia ciencia física, la que nos ha venido mostrando desde principios del siglo XX, evidencias incontestables de la participación de la conciencia en la construcción del mundo que observamos -a través de nuestras percepciones- llegando a afirmar que todo aquello que consideramos cotidianamente como la realidad, no ocurre “allá fuera”, sino al interior de nuestra mente.

Tan atrás como el siglo XVIII, Immanuel Kant -que al igual que René Descartes afirmaba que “todo empieza por el yo”- propuso que “debemos librarnos de la idea de que el espacio y el tiempo son cualidades reales que tienen las cosas en sí […] Todos los cuerpos, junto con el espacio en el que están, no deben considerarse más que meras representaciones personales, y no existen más que en nuestros pensamientos”.

La física cuántica -que aún después de un siglo continúa siendo difícil de comprender- es una ciencia formulada y representada por personas de gran relevancia en el mundo moderno, tales como el propio Albert Einstein, así como Boris Podolski, Nathan Rosen, John Bell, Werner Heisenberg, Erwin Schrödinger y muchos otros, cuyos desarrollos teóricos y experimentales nos están diciendo que aquello que denominamos la realidad, o “el mundo”, está formado a partir de un estado previo sólo probabilístico, desde el cual proviene cada uno de los elementos constitutivos de esta realidad, por mediación de la consciencia que, al intervenir, al hacerse presente o al observar, genera lo que esos científicos denominan el “colapso de la función de onda” de una partícula, es decir, la interrupción del estado probabilístico de una partícula u onda, que deviene en la manifestación de la misma, sumándose así a la construcción del mundo que nos es familiar.

La función de onda indica la probabilidad de que la partícula se encuentre en cada punto del espacio en cada momento del tiempo.

Sin duda un concepto perturbador, que intenta decirnos que todo es posible en un cierto estado, previo a la concreción de una u otra de las probabilidades de un hecho dado, producida por la presencia de un observador. 

Dicho de otra manera, ninguna partícula adopta en realidad una posición o movimiento concretos hasta que la función de onda de la misma se colapsa, esto es, que aquello que existía como un conjunto de probabilidades indeterminado, al ser observado deviene en la manifestación de una de esas probabilidades.

Tras mucha experimentación ante lo que parecía imposible, de hecho se hizo evidente que el mero conocimiento existente en la mente del experimentador es suficiente para hacer que la función de onda se colapse, lo que nos permite comprender, por ejemplo, el comentario del físico Dr. Eugene Wigner, de que “no es posible formular las leyes de la física de forma plenamente sistemática sin referirse a la conciencia del observador”.

Al comprender que la física y la biología están íntimamente conectadas y que comparten el desafío de ayudarnos a desentrañar el misterio de la consciencia y su rol en la manifestación de lo que entendemos por la realidad, no podemos menos que recurrir a ellas, desde el Biocentrismo, para explicarnos mejor el fenómeno de la construcción del propio vivir que cada persona ejecuta sobre la Tierra, día a día.

Esta construcción cotidiana de nuestra propia vida es -en palabras de Michel Foucault- una obra de arte. Nuestra mayor obra de arte, agregaré, cuya belleza y valor podemos convenir que se expresa principalmente en su cuidado y duración, idea que comúnmente aludimos a través del concepto de Salud.

En relación al campo de desempeño de nuestra Fundación -mi actividad cotidiana principal- orientada desde siempre hacia la salud de las personas recurrentes, en los diversos Programas que ha venido operando y, particularmente hoy, en nuestro Programa de atención en el área de la salud mental, “Joven Atrévete”, el entendimiento biocéntrico nos ha llevado a revisar con cuidado lo que hasta hoy se acepta como definición del concepto de salud, la que ha venido -dada su naturaleza subjetiva- experimentando variaciones a lo largo de las décadas con las que estamos familiarizados.

Definición del concepto salud.

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), no se trata de la mera carencia de enfermedad, sino de un estado de completo bienestar físico, mental y social.

Salud proviene de la vertiente latina como “saluus” o “salvus”, voces que aluden a “salvación”, “intacto” o “a salvo”, así como “salutare” para “saludar” o “desear salud” y “salutaris” para “saludable” y “salvadora”, a su vez, del sánscrito “sárvah” que alude a “entero” y la vertiente griega “holos”, que también significa “entero”, “todo” o “total”.

Alessandro Seppili, en 1971, define salud como “una condición de equilibrio funcional, tanto mental como físico, conducente a una integración dinámica del individuo en su ambiente natural y social”.

En 1984, la oficina de la OMS para Europa señaló a la salud como “la capacidad de realizar el propio potencial personal y responder de forma positiva a los retos del ambiente”.

Comprensión biocéntrica en la clínica.

En la Fundación Saint Germain proponemos relevar la naturaleza humana como condición dinámica y homeostática, inteligente por definición, fenómeno que explica la funcionalidad orgánica y psíquica como prioridad vital, a pesar de la presencia de múltiples factores que impliquen una amenaza para el ser, tanto que provengan del interior de la persona, así como del exterior, aunque siempre en relación co-causal con el propio individuo.

La condición de estar sano alude al equilibrio dinámico que resulta, por una parte, de la expresión genética del sujeto y, por otra, de la interacción cotidiana e histórica del mismo con la totalidad de su entorno vital.

No nos detenemos en consideraciones de índole moral para observar y comprender el estado de salud de una persona, sino de su funcionalidad natural, resultante del proceso aludido, en su dimensión genética y epigenética, donde la propia toma de decisiones de aquella adquiere una gravitación absoluta en el desenlace de su modo y condiciones de vida.

En la especificidad del tema del consumo de sustancias tóxicas y las dificultades generadas en torno a tal conducta -un mero motivo inicial de consulta- nuestra aproximación obedece a la naturaleza biocéntrica de nuestra propuesta, en tanto que recibimos al individuo, con su descripción de realidad, con su propósito y expectativas -así como a sus referentes afectivos- entendiendo que se trata de un ser con potenciales ilimitados de desarrollo, aspecto con el que procuramos hacer contacto desde el primer momento, restando así atención privilegiada a la conducta de consumos tóxicos, propiamente dicha.

El mismo concepto vale para la interacción terapéutica, esto es, para la búsqueda y definición conjunta de un plan de trabajo, aceptado así por la persona recurrente, y las revisiones y ajustes del mismo a que haya lugar durante el proceso.

Está muy claro que en todos los casos que conocemos en la práctica clínica, la potencialidad genética de las personas ha sido fuertemente reprimida durante el curso de su vida, con frecuencia desde edades muy tempranas, de modo de que la relación epigenética da cuenta de severas carencias y retrasos en el desarrollo consensuado como normal o esperable.

Esa complejidad circunstancial de cada individuo consultante exige ser abordada sistémicamente, por un equipo de profesionales que manejan diversas herramientas cognoscitivas y empíricas y que -junto con ello- han trabajado para consensuar una misma mirada de aquella circunstancia por conocer, por acompañar y por co-laborar.

Así, Trabajador Social, Terapeuta Ocupacional, Psiquiatra, Psicólogo, Médico, Técnico en Rehabilitación, Psicopedagogo, Paramédico, Monitor de Taller y todo otro conocimiento que pueda incorporarse al equipo, ponen a disposición de nuestros consultantes tales recursos, desde una misma atalaya que nos permite mantener la coherencia en el operar, la que en nuestro caso es el Principio Biocéntrico.

Al aceptar el Principio de que es la propia Vida el absoluto central, al cual debemos cuidar por tanto en todas sus manifestaciones, podemos también comprender cuánto de aquella definición de Salud que oficialmente se ha venido construyendo y revisando ha sido y continúa siendo gravemente vulnerada por nuestro propio modo de vida, un modo de vida tan elegido por nosotros mismos como instalado implacablemente desde las estructuras superiores desde donde es ejercicio el poder en nuestra sociedad.

Una breve mirada a la respuesta común frente al fenómeno de “las drogas”.

Los esfuerzos desarrollados en todo el mundo, en función del control del consumo y la adicción a sustancias psicotrópicas han utilizado estrategias tan diversas como la más frecuente represión y punición a las personas consumidoras, hasta la despenalización del consumo de drogas en algunos Estados.

Muchas cárceles del mundo encierran -a un alto costo para los ciudadanos- a cientos de miles de personas por causas vinculadas a las sustancias tóxicas, desde el simple consumo hasta el tráfico de mediana escala. La “guerra contra las drogas” instalada como respuesta por el Gobierno de Estados Unidos, desde la década de los 80, con implicaciones terribles en países como Afganistán, México y Colombia, incrementó ostensiblemente la población privada de libertad en el poderoso país del norte, que registra de lejos la mayor proporción de personas en prisión. En Chile las infracciones a la Ley de Drogas ocupan el segundo lugar como causa de encarcelamiento, detrás del robo, por encima del 15% de la población penal.

En cuanto a las alternativas al enfoque violento, un par de ellas son el Programa Juventud en Islandia y la iniciativa de disminuir fuertemente la penalización del consumo de todas las drogas en Portugal.

Lo de Islandia es una suerte de consenso forzado -probablemente facilitado por el tamaño pequeño de su población- donde con el liderazgo del Psicólogo islandés Gudberg Jónsson y su colega estadounidense Harvey Milkman, se diseñó e implementó una combinación de medidas punitivas al consumo de psicotrópicos, así como restricción a la libre circulación en la población adolescente, con medidas de educación intensiva a los adultos, en un vigoroso llamado a hacerse cargo de sus responsabilidades parentales y medidas gubernamentales de implementación de muchas alternativas de ocupación del tiempo por parte de niños, niñas y adolescentes, debidamente acompañados de equipos multiprofesionales preparados al efecto.

Lo de Portugal es un caso singular, puesto que a partir de la iniciativa y perseverancia del Dr. João Goulão, desde el año 2.001 se ha decidido despenalizar con ciertos límites, la adquisición y el consumo personal de cualquier sustancia psicoactiva, en una apuesta audaz a privilegiar la disminución del daño y reinserción social de los consumidores, por encima de la tradicional opción gubernamental represiva en la inmensa mayoría de los países.

A pesar de que los resultados han sido más auspiciosos en Islandia, Portugal ostenta el mérito de haber desafiado en medida importante y con éxito la política represiva, sin que se produjesen las consecuencias profetizadas por la comunidad de países alineados tras el gobierno de Estados Unidos, es decir, no se disparó este tipo de consumo en la población ni el país fue presa de las bandas de narcotraficantes. Me interesa destacar el hecho de que, con estrategias diferentes, ambos países muestran un importante elemento común, como es haber otorgado un lugar central en las mismas, al apoyo y promoción de las personas consumidoras, a través de programas oficiales de ayuda desde diversos Servicios Públicos.

Sin duda, continúa siendo importante para nuestro equipo el conocimiento oficial emanado desde las entidades internacionales expertas, tales como la Organización de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, ONUDD, la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas, CICAD o -de sobremanera- el National Institute on Drug Abuse, NIDA, por su valiosa difusión científica en torno al fenómeno del consumo de psicotrópicos y sus efectos en el organismo humano, con la destacada participación de la Dra. Nora D. Volkow.

No obstante, nuestro enfoque holístico, a través del Principio Biocéntrico propuesto por Rolando Toro Araneda, nos permite dejar de poner el foco de nuestra atención en las consecuencias biopsíquicas, sociales y culturales del consumo abusivo de sustancias tóxicas, suficientemente relevadas por la literatura técnica, las campañas publicitarias y las políticas públicas en todos los países, para centrar nuestra atención en la propia vida de cada persona recurrente, donde podemos encontrar las genuinas razones que todas ellas han tenido para elegir esta conducta y, asimismo, las potencialidades innegables de que disponen para modificar sus patrones decisionales.

El Economista de Harvard, Profesor Jeffrey Miron, es un reconocido promotor de la libertad individual, incluyendo la idea de la legalización de las drogas como estrategia para avanzar efectivamente hacia la disminución del consumo, fundamentando su postura en la evidencia del enorme daño infligido con la estrategia punitiva imperante, debido a lo cual -señala- es preciso visibilizar y “hacernos cargo de las circunstancias que rodean y motivan a consumir estas sustancias”.

No basta con implementar medidas en la línea de la reducción del daño, tales como el esfuerzo del Dr. André Seidenberg, distribuyendo metadona y otros opiáceos sintéticos, generando “áreas de tolerancia” y programas educativos durante los  80´ y primeros años de los 90’ en Suiza, o de Andrew Tatarsky en estados Unidos, el colectivo Junky Union en Holanda o la más antigua iniciativa del propio Servicio Sanitario de Liverpool, pionero en esta línea de atención, orientada desde un enfoque de salud pública y derechos humanos.

Todos los esfuerzos cuentan, sin duda, sin embargo, como dice también el Dr. Gabor Maté, “la cuestión es el poder de la adicción y la adicción al poder”, extendiéndose como pocos hacia la comprensión de que sólo serán esfuerzos reactivos y temporales mientras no seamos capaces como sociedad de hacernos cargo del entorno completo dentro del cual el fenómeno de las adicciones tóxicas cobra sentido y tiene lugar.

Corolario.

Desde la perspectiva Biocéntrica, finalmente, proponemos que la recurrente explicación multicausal del fenómeno del consumo de sustancias obedece a que tanto la academia como los modelos clínicos más comunes, han estado demasiado instalados en un plano desde el cual observan más bien la superficie del mismo, un tornasol de reflejos diversos de la misma luz en las múltiples caras de la realidad cotidiana construida por cualquier ser humano.

En cambio, sabiendo que las sustancias usadas y abusadas por una persona a la que se la reconoce así, como adicta o drogodependiente, tienen sentido para ella, es decir, le ofrecen un beneficio que debe ser reconocido y aceptado por todo terapeuta, la  causa profunda u original de tal decisión y de tal conducta es el miedo, es el sufrimiento. En un sólo concepto, es la carencia de amor.

Por tal razón, aunque nuestro trabajo incluye la ayuda farmacológica que se estime necesaria para ayudar en la interrupción de la estimulación artificial de los circuitos químicos naturales del cuerpo, sabemos que ello es del todo insuficiente puesto que la disminución ostensible de la capacidad orgánica para responder ante la enorme fluctuación de los estímulos vitales, sólo podrá ser recuperada a través de la reparación de aquella(s) fractura(s) afectiva(s) originaria(s), desde un enfoque de atención multidisciplinario fundado en la fluidez vincular con cada persona recurrente.


[1] Rolando Toro Araneda, “Biodanza”, 2002, Editora Olavobrás.

[2] Robert Lanza y Bob Berman, “Biocentrismo”, 2009, Editorial Sirio, S. A.

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