Descentralización?

Decisiones gubernamentales como la informada hoy en un periódico masivo de Chile muestran descarnadamente de qué va esto de “la descentralización” de la gestión administrativa del país.

Me sorprende la naturalidad con que la clase dirigente supone que los chilenos y las chilenas debemos aceptar como normal el ser tratados como una masa de personas más ignorantes e incapaces que quienes integran aquella, y a quienes se nos puede imponer desde el poder de una autoridad auto arrogada, la forma, el ritmo y el alcance de lo que aquella élite entiende por descentralización.

Está claro que las decisiones humanas están de ordinario motivadas por el interés económico, y así ocurre también en el férreo manejo centralizado de este joven país desde el primer día.

La grosera opacidad con que tradicionalmente la clase gobernante ha administrado los asuntos públicos de la Nación, sólo puede explicarse por el interés en obtener en el proceso ingentes recursos para su reducido grupo de influencia, lo que a su vez les permite perpetuarse en el control del poder que, en estricto rigor, pertenece al conjunto de ciudadanos y no a grupo alguno de entre ellos.

Los denominados gobiernos regionales en la acepción de los últimos años, han nacido con el retorcimiento propio de quienes desean en el centro del país, mantener por siempre el control sobre el territorio y sus habitantes. Un cargo con pocas funciones, con nula autonomía y presupuesto simbólico, que se espera sea ocupado como todos los demás cargos, por la misma clase política, en procesos llamados eleccionarios y que -la verdad sea dicha- sólo están reservados para los candidatos de la propia clase política y no de la ciudadanía.

Es el mundo al revés, donde los funcionarios, desde el Presidente de turno hacia abajo, se sienten y actúan como los dueños, una suerte de reyezuelos impostores que omitieron desde el día uno que son meramente mandatarios, es decir, funcionarios a cargo de tareas para las cuales la única verdadera autoridad, como lo es la Nación, debe exigirles debida cuenta, nominarlos y retirarlos en función de resultados esperados por esa única autoridad soberana.

El mundo al revés, también, en la percepción de la propia ciudadanía, que de modo inexplicable, entrega su autoridad a un pequeño grupo de entre ella y acepta con la cabeza gacha toda clase de abuso de quienes ella misma puso allí, una y otra vez.

No me interesa como ciudadano que el ejecutivo se digne trasladar un par de atribuciones a sus representantes en las regiones -que no los nuestros- pretendiendo así que creamos que existe un proceso de descentralización y desconcentración. Sólo considero serio y constructivo para Chile, que seamos nosotros, la gente, desde Arica hasta la Base Eduardo Frei Montalba, quienes comencemos de una buena vez a involucrarnos en la administración de nuestros asuntos, con toda la transparencia necesaria e indispensable para poder sostener un rumbo cierto y confiable.

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