Migración y confusión.

Como suele ocurrir en las iniciativas verticales instaladas desde las élites en los países y en el planeta -de sobremanera en la agenda del globalismo- también el tratamiento del fenómeno migratorio humano tiene el sello evidente de la media verdad y la confusión que de ello se deriva, tal como está previsto que suceda.

Es comprensible que las personas tomen partido por una u otra de las opciones que a diario le son presentadas en los más disímiles temas, a menudo sin darse cuenta de que han sido arrastradas al juego eterno de la división y del control que de nosotros hacen…, y que permitimos, claro está. Porque aunque sostengo que el germen de la competencia ha sido inducido culturalmente, a diferencia del valor de la colaboración y la solidaridad que es connatural a la especie humana, aquél ha sido tan bien instalado desde los albores de la historia conocida, que la conducta para denotarse los unos mejores que los otros fluye con facilidad y es así también explotada desde arriba hacia abajo en el clásico esquema piramidal con el que funciona el sistema vigente de organización humana, postergando eternamente la eclosión del orden social horizontal y reticular que sí podría dar cuenta de nuestra dramática necesidad de aprender a vivir en paz y prosperidad. 

En el tema de la migración humana, nadie en su sano juicio se opondría a extender su mano a un semejante que busca en un lugar lejano a aquel en que nació, mejorar su condición de vida, por cuanto es un rasgo común en toda la especie querer crecer y desarrollarse. No obstante, esta legítima búsqueda sólo puede ser coherente si ocurre en un contexto de pleno respeto a la libertad de los demás de hacer lo propio y de lo cual podrá desprenderse luego la mutua ayuda, el sabio aprendizaje y el progreso social.

La migración es una decisión y una conducta común de los seres humanos -como de muchísimas otras especies- y su manifestación espontánea tiene lugar a partir de contextos de voluntariedad y de reflexión personal, de modo que es fácilmente distinguible como fenómeno natural respecto de los masivos movimientos migratorios que tienen lugar hoy en la Tierra y que se vinculan a contextos muy distantes de la libre y sopesada elección personal.

Siento que las comunidades humanas que conocemos como Naciones, esto es, las personas que habitan un territorio que consideran común y que denominamos países, tienen todo el derecho a organizarse como les parezca mejor hacerlo y abordar internamente sus diferencias al momento de decidir cómo conseguirlo. Y dentro de ese complejo ejercicio de propender a la organización interna de su Nación, se incluye también el cuidado de sus fronteras y la regulación del ingreso de personas que provengan desde otros países no como simples turistas, sino con intención de permanecer.

Es necesario entender que la migración obligada, por sus diversas causas gatillantes es responsabilidad de las mismas élites mundiales que desde siempre han venido manejando la toma de decisiones a gran escala, afectando a las Naciones de muchos países, con sus guerras, explotación de recursos naturales, provocación de trastornos climáticos y ambientales y afán de poder sin límite… y sin necesidad.

Sólo las personas comunes podemos en cada Nación revertir este desastre, dejando de seguir como rebaños la voluntad de las respectivas élites al creer la su falsa ilusión de que unos u otros de sus integrantes nos ayudarán a desarrollarnos. 

No tiene sentido tener que hacernos cargo de la tragedia humana de la migración en contexto obligado, sino de organizarnos en cada país para ser nosotros, los Ciudadanos, quienes decidamos efectivamente cómo queremos vivir en el territorio que nos es familiar.

Las Naciones Unidas, finalmente, son en mi opinión meros Gobiernos Unidos o Élites Nacionales Unidas y ello no nos llevará a buen puerto. Nos quieren convencer con imágenes y consignas engañosas que apuntan a nuestra sensibilidad humana, que debemos considerar la migración como un derecho a todo evento, después de haber como Organización internacional fracasado absolutamente en su primer y principal objetivo oficial, cual es el de solucionar los conflictos nacionales e internacionales de manera pacífica y civilizada.

Primero contribuyeron activamente a destrozar países y Naciones hasta hoy mismo y luego, en vez de cumplir su propósito y ayudar decididamente a desarrollar cada uno de esos países, para el bien de sus respectivas Naciones, pretenden sólo distribuir el peso de las enormes cohortes de migrantes obligados entre todas las Naciones, a costo nuestro, por supuesto.

No más confusión. Dejemos que los movimientos migratorios individuales o grupales ocurran en su sentido natural, voluntario y a pequeña escala y busquemos evitar los movimientos migratorios obligados y a gran escala, introduciendo prosperidad en cada una de las Naciones que hoy son castigadas  por la acción u omisión de las instituciones oficiales.  

 

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