No les creo, luego hay trabajo que hacer.

Finalizada la cumbre del G20, los líderes visibles -con sus muy diversos grados de importancia- regresan a casa y esperan que yo, como todo Ciudadano común, me crea sus discursos, sus declaraciones y toda la puesta en escena que esta vez tuvo lugar tan cerca, en pleno “Tercer Mundo”, en lo que constituye una señal poderosa pues está claro que todo lo que esas personas hacen está cuidadosamente planeado y persigue objetivos específicos que les son muy importantes.

Foto oficial G20Me resulta difícil asistir a ese espectáculo mediático y luego manejar la vorágine emocional que me invade inevitablemente puesto que, por un lado, jamás podría serme indiferente semejante alarde de cinismo oficial y, por otro lado, comprendo y acepto la necesidad de mantener la calma y acudir a mi condición humana para intentar ver en los intersticios del acontecer mundial má9:11s visible, lo que de bueno pueda extraer para nosotros, la gente.

Donald Trump ha sido puesto allí, como todos los presidentes, por poderes secretos o discretos cuyas agendas y sus luchas intestinas son muy difíciles de entender desde tan lejos, desde la ubicación de un habitante cualquiera del planeta, como yo.

A dos años de llegar a la Casa Blanca aún continúa siendo cómplice, como sus dos antecesores, del mayor crimen cometido en ese país y lo será mientras mantenga el pacto de silencio acerca del genocidio de los miles en las Torres Gemelas y del ocultamiento de las razones para destruir la Torre 7 del mismo complejo y aquella ala del Pentágono ese día aciago. En ese pacto no fingen ser los rivales terribles que muestran al mundo republicanos y demócratas, tal como se estila en la clase política de cada uno de los países a los cuales dicen representar todos los asistentes a la reciente cumbre de Buenos Aires.

Quienes fueron imputados oficialmente por aquel horrendo crimen son todos saudíes, como sabemos y si ello no perturbó los negocios del gobierno estadounidense y quienes sea que lo manejan, menos iban a ser afectados ahora por la presunta implicación de la Casa Saúd en el asesinato del Periodista Jamal Khashoggi hace dos meses en la embajada Ben Salmande Arabia Saudita en Turquía. Ahí están ambos en la foto, el “príncipe” Mohammed Bin Salman y Trump, impertérritos, diciéndonos con su actitud que desprecian profundamente a la gente del mundo que estamos fuera del límite de su pequeño y poderoso círculo.

Porque es una interpretación posible ¿verdad?

Para mí, es importante saber que no estoy siendo engañado, al menos no completamente, por aquellos hombres y mujeres que desde su lugar privilegiado dictan a diario lo que debe ser aceptado como “la realidad”, por los 7 mil millones de habitantes en la superficie de la Tierra. Como dice Alfred Lambremont Webre con vehemencia, “nada es lo que parece”.

Guerra comercial

Tampoco la presunta “guerra comercial” de  EE. UU. con la dictadura de China ni la supuesta rivalidad del país norteamericano con Rusia, incluso durante la época que nos vendieron como la “guerra fría”. Para mí es mucho más razonable pensar que siempre ha habido una organización en extremo poderosa, lo suficiente para diseñar e implementar el concepto de países y sus fronteras arbitrarias, para planear con gran antelación las crisis financieras; las grandes revoluciones en Francia, Estados Unidos, Rusia y China; las guerras interminables en sus diversos escenarios y hoy, la degradación progresiva de los Pueblos por diversRusia USAas vías; la siniestra agenda de “género” mal disimulada tras la justa causa de la igualdad de derechos para hombres y mujeres; las migraciones masivas y mucho más.

Los Ciudadanos de la Tierra, en mi libre opinión, no somos representados por nadie en los circuitos concéntricos del poder, toda vez que aquellas élites sólo se representan a sí mismas, como lo demuestran los hechos. Puedo examinarlo cada vez con más calma, porque confío en la Inteligencia Universal evidente por donde mire en la naturaleza, en lo grande y en lo pequeño. Vivimos en un pequeño planeta de un pequeño Sistema Estelar en la periferia galáctica, vamos, que el estado de situación que aún toleramos está crujiendo por los cuatro costados.

Tenemos mucho trabajo por hacer y el primero de todos, en mi personal entendimiento, es aprender a controlar nuestro propio mundo interior ante la violencia que a nuestra naturaleza humana inflige ese poder temporal ejercido por tan pocos y que busca, precisamente,  poner distancia entre nuestro ser inmanente y nuestra expresión en el mundo, esto es, desnaturalizarnos, tal como hoy se evidencia de modo burdo y desembozado.

La serenidad que sólo se consigue en conexión con nosotros mismos, es el camino que nos permite también conectarnos de verdad con nuestros semejantes, para construir el mudo que queremos y dejar atrás el bucle en que caemos cuando nos remitimos sólo a reaccionar ante los ataques cotidianos de la cultura impuesta.

 

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