Cuando más oscura está la noche.

A mi corazón le resulta más fácil y trabajo para que mi mente se calme y pueda contemplar el cuadro grande de lo que está ocurriendo en el planeta, sin sucumbir a la evidencia más dura que nos golpea fuerte cada día, recordándonos antiguas y agoreras  profecías que nos dijeron cómo “en los últimos días” todo estará tan trastornado que “lo que es negativo será vendido como positivo y lo que es bueno será mostrado como malo”.

Entonces acudo al sentido de aquel rayo de luz que se asoma en medio de la inmensa oscuridad pues sé que la luz siempre prevalecerá, haciendo retroceder las sombras y todo lo que representan. Este galimatías que nos muestran los medios de la MetaÉlite a toda hora es como la parte más oscura de la noche…, esa que siempre precede al amanecer.

Cuando más oscura es la noche...

Confío absolutamente en la inteligencia omnisciente e incognoscible de la Divinidad, como quiera que cada quien la perciba. Formo parte de esa inteligencia, junto a todas las creaturas existentes y es esa pertenencia la que me permite intuir el curso de los acontecimientos, que corresponden a la línea de tiempo resultante de la enorme ecuación, a la que todos contribuimos con muchas variables…, en dirección a la vida o a la muerte. A la acción o al detenimiento.

Ciertamente no creo en la “versión oficial” ni en la realidad virtual que los mass media se esfuerzan en construir cada día, pues está claro que la destrucción y la confusión que crece en la superficie de la Tierra, proviene de la misma estructura institucional que se muestra ante nosotros como nuestra protectora. Sé que ello continuará en tanto las personas comunes no alcancemos un promedio suficiente en la expresión de la consciencia que da sentido a nuestra vida, haciéndonos cargo de nuestra responsabilidad y dejando el enfrentamiento al que la MetaÉlite nos empuja con su provocación incansable.

Aún puedo obtener un provecho de aquella vorágine, orientando mi atención hacia la dirección que la mainstream no muestra y, así, dar curso a las capacidades humanas de que dispongo para intentar entender o, sobre todo, sentir en qué dirección debo moverme. Sin duda, en medio de la oscuridad, es la luz la que me muestra la dirección correcta.

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