Tras la Corte de La Haya.

Y mañana es el último alegato oral de la representación oficial de Chile en La Haya. La historia, como todo el quehacer humano, es subjetiva. Se superponen diversas versiones, diferentes grados de profundidad de análisis y múltiples interpretaciones. En lo inmediato, es claro el alegato chileno, apegado al instrumento jurídico vigente desde 1904, como es clara la intención de la representación oficial boliviana, de encapsular ese Tratado dentro de una postura que supone mayor, con gran carga emocional y giros argumentales cambiantes que buscan -bien por unos o bien por otros- convencer a los Jueces de lo que denominan “la justicia” de su causa.

 

Genuino lo de ambas representaciones, desde que cada uno construye su realidad, como pueden también construir una tercera versión los propios integrantes de esa Corte Internacional.

Quiero nada más llamar la atención sobre un fenómeno central en toda esta historia, como es la ominosa ausencia de la voluntad de las Naciones involucradas.

Los países son el resultado de los negocios de muy pocos, como sabemos, tanto cuando los tres países eran colonias de España y codiciados por Inglaterra, como desde el Uti Possidetis Juris y todos los cambios posteriores de las fronteras.

Entonces como ahora, una élite internacional, es decir, el poder real, unas élites locales y, por cierto, la clase política que sólo constituye el poder formal, manejaron todo ese conflicto, enviando a matar o morir a decenas de miles de jóvenes chilenos, peruanos y bolivianos, con los resultados conocidos y sus repercusiones hasta hoy. 

Chile cumplió en Febrero 200 años…, de acuerdo a la versión oficial de la historia y Perú y Bolivia muy pronto celebrarán el mismo aniversario, sin que jamás hayan sido las Naciones que habitan estos países las que deciden su propia carta de convivencia y su estrategia de desarrollo.

Si no somos capaces de despertar a ello suficientes de nosotros, seguiremos entregando nuestras vidas -como aquellos soldados- al arbitrio de muy pocos. Los mismos que nos mantienen en el subdesarrollo económico y en el sometimiento humano.

Carlos Ramón.

(del 27/3/18)

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