No me siento agradecido de quienes nos gobiernan.

Sin ánimo de irrespetar a Patricio Navia, cuya prolificidad con la pluma admiro, quiero hacer mi contrapunto -el de un Ciudadano cualquiera- acerca de algunos de los conceptos de su columna de hoy en El Líbero, comenzando por la idea de que la Concertación-Mueva Mayoría, esa sección de la clase política, tras “un exitoso gobierno” después de la dictadura civil-militar habría decepcionado por su involucramiento con SQM, la empresa liderada por Julio Ponce Lerou, el ex yerno de Augusto Pinochet. 

 

No creo por un segundo que la práctica de toda clase de delitos financieros e incoherencias con la ética y la moral en los partidos y coaliciones políticas, haya aparecido de pronto y sólo después de la última dictadura chilena.

Sólo con las nociones básicas de la historia nacional que podemos encontrar en los muchos libros disponibles, basta para saber que nunca Chile fue un país donde la clase política no estuviera vinculada y dirigida por el poder económico, desde los 260 años como colonia española y los 200 años de pretendida república independiente.

Luego, respecto de que “Chile avanzó decididamente hacia una democracia plena que hoy permite a todos los chilenos ejercitar libremente sus derechos”, caramba, o peca de ingenuidad o de connivencia con el discurso autocomplaciente de la élite nacional, esto es, el poder económico y su instrumento la clase política. Lo que tenemos no es una democracia, cuando apenas un 3% de los connacionales decide quiénes ocuparán los cargos desde los cuales se toman las decisiones que también nos incumben a nosotros, el otro 97%. Y ello, en la misma línea, impide el verdadero ejercicio libre de nuestros derechos, toda vez que ello no se limita a estar en un sistema de gobierno distinto de una dictadura civil-militar.

A mi modo de ver, no hubo ninguna transición a la democracia desde Pinochet a la Concertación, ni tampoco una transición pactada, porque no puede pactarse sobre algo que no existe. La transición de la que tantos hablan -a todo lo ancho del espectro político uno y el mismo- es el mero paso de funcionarios de gobierno pertenecientes a las fuerzas armadas a otros funcionarios de gobierno de la casta política, todos ellos, civiles y militares, bajo el control del poder real.

Concuerdo en que “el Chile post 1990 es mucho mejor que el Chile pre 1990”, como sé que -desde la misma óptica- era mejor en 1990 que en 1973; sin embargo es una perspectiva pobre para medir el “estar mejor”, pues no bastan los indicadores económicos. Y no siento agradecimiento por la dictadura civil-militar ni por la Concertación-Nueva Mayoría ni por el tándem Bachelet-Piñera. No siento agradecimiento por una pequeña porción de connacionales que se ha arrogado desde siempre el poder decidir por la inmensa mayoría de los chilenos.

 

ELLIBERO.CL

Tal como hay buenas razones para estar agradecidos de la Concertación, hay otras

Carlos Ramón.

(del 8/6/18)

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