La justicia no es igual para todos.

Que en Chile la justicia NO es igual para todos es algo bien sabido, por más que oficialmente se reitere lo contrario. La evidencia es prueba y la Nación hace sentir su progresiva independencia de pensamiento respecto de éste y muchos otros asuntos que le incumben.

La idea misma de jerarquía, alude al acendrado mito de que hay personas mejores que otras, el que -desde luego- constituye una piedra angular en el intrincado diseño que la oligarquía mundial ha impuesto desde siempre, para mantener su caro control de la población.

 

El concepto de Justicia es traducido apenas como el conjunto de disposiciones normativas acerca de lo que una élite dada considera un correcto modo de vivir en sociedad, en un tiempo y lugar determinados, y al cual deben someterse todos los habitantes de su “obediencia”.

Es una justicia o sistema legal que proviene de la lógica mercantilista de todas las épocas, llevada con mano de hierro por quienes han detentado el poder temporal en cada imperio, iglesia, reino, dinastía, gobierno o corporación, expresiones formales todas del poder real de los muy pocos que han controlado la riqueza de la Tierra, privilegiando holgadamente su propio beneficio.

 

Con todo, “hacer como que” es un deporte favorito de las oligarquías, que procuran siempre mantener el control para jamas perder sus beneficios, no sin dar la apariencia de probidad y de justicia ante los molestos habitantes que les miran.

Desde ahí es que Abbott -funcionario de la oligarquía- ordena algo como “sí pero no” a sus subordinados, acudiendo al valor de la democracia que debe ser cuidada, suponiendo y confiando en que aún muchísima gente cree de verdad, que el sistema que nos rige es una democracia.

 

Agrega que las causas de corrupción representan apenas un 0,2% de las investigaciones de la Fiscalía en 2017, a lo cual cualquier persona despierta podría preguntar ¿a cuánto alcanza, en términos de dinero, el restante 99,8% de las causas?, puesto que al final la justicia es una cuestión de negocios; de transacciones que resultan en un pago dictaminado por un juez que, desde esta perspectiva, actúa como un arbitrador, un capitán de barco o un tasador de mercadería.

 

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