Hacia un Movimiento Ciudadano por la Autodeterminación.

Un 95% en Chile no está inscrito en partidos políticos. No se trata de un colectivo homogéneo, claro está, sin embargo es una mayoría abrumadora y es necesario considerarlo un hecho político.

Estoy convencido de que un porcentaje significativo de esta cohorte está constituido por personas despiertas, que ya saben y reconocen ciertas verdades relativas a la vida dentro del territorio, entre las cuales las siguientes:

1)          No tenemos una democracia. La Ciudadanía no escoge representantes y aquella parte de la población que acude a las urnas, sólo sigue el juego de la oligarquía nacional, dándole un tinte de legitimidad a un sucedáneo de democracia, consistente en votar por alguno de los nombres que la clase política -instrumento de la oligarquía- selecciona y registra cada vez en la papeleta.

2)          El sistema de administración o gobierno de los asuntos públicos está controlado desde siempre por el poder fáctico. Así, lo que podríamos denominar el Poder Real es una cosa, y otra es el Poder Formal a cargo de la llamada clase política, que funciona por y para aquél.

3)          No somos una Nación soberana. No lo fuimos como colonia de España y no lo somos desde 1818 hasta hoy. Una Nación soberana está formada por personas soberanas, esto es, que tienen y mantienen su libertad para decidir por sí mismas cómo quieren vivir.

4)          La verdaderautoridad es la de las personas, decidiendo por sí mismas, para sí y para la comunidad a la que pertenecen. Lo que conocemos como “autoridades” son en realidad conciudadanos ejerciendo la autoridad secuestrada a la Nación, por una pequeña élite que constituye el Poder Real y que coloca en los cargos de la Administración a personas que  integran la clase política y sus allegados.

5)          Este estado de situación no es algo de lo que simplemente debamos quejarnos, como tampoco acudir a la culpabilización fácil de quienes aparecen en la primera línea como responsables. Lo cierto es que la responsabilidad de semejante diagnóstico es compartida por todos nosotros, por acción u omisión.

También estoy convencido de que en tanto Ciudadanos, hombres y mujeres nacidos en el territorio e inmigrantes que optan por vivir en él, podemos y debemos alcanzar la autodeterminación que, más que un derecho, es un deber y, quizá, nuestro principal desafío. Sin embargo, la misma condición de personas despiertas que nos permite darnos cuenta de ello, nos permite también colegir ciertas consideraciones necesarias para alcanzar ese soberano propósito, entre ellas las siguientes:

1)          Un Movimiento Ciudadano pacífico. A pesar de la obscena evidencia del uso indiscriminado de la violencia en el mundo, espectáculo ante el cual la noción de legalidad resulta ridícula, esta conducta jamás ha conducido al verdadero desarrollo humano, por estar reñida con el sentido mismo de humanidad. La violencia es con toda certeza una herramienta favorita del Poder Real o de facto en el mundo, para mantener controladas por el miedo, a las Naciones. La usa directamente y promueve también su uso indiscriminado por parte de las personas con tanta eficiencia que, incluso, calcula un cierto nivel de disidencia civil controlada en los diversos países, y de hecho espera que las personas comunes la utilicen como reacción, sabiendo que la fuerza de su sistema represivo es abrumadoramente superior y que aplastará sin misericordia toda iniciativa popular que ose  en su reclamo ir más allá del caos permitido.

Pues entonces,  está  meridianamente  claro  que  un  Movimiento  Ciudadano  genuino,  es

decir, generado desde la propia Ciudadanía y no artificialmente desde cualquier estructura   manejada por la clase dominante, sólo podrá tener éxito si abandona conscientemente el uso de la violencia promovida por las élites, que saben muy bien que la agresividad es una cualidad humana necesaria y respetable que, sin embargo, degenera en violencia cuando una persona o un grupo de ellas experimenta el desquiciamiento provocado por la propia violencia recibida, en sus múltiples formas. El Movimiento Ciudadano que yo apoyo y al que invito debe trabajar explícitamente este aspecto, para no incurrir en cualquier expresión violenta y, de ese modo, permitir que las grandes mayorías de Ciudadanos -que no quieren violencia- adhieran a él.

2)          Abandonar la tentación del caudillismo. El liderazgo puede ser ejercido de diversas maneras y -cual más cual menos- todos tenemos la capacidad de influir en nuestros semejantes, en la medida que conseguimos internamente coherencia y claridad en nuestras propias ideas y sentimientos. La comunidad humana no funciona linealmente sino en forma reticular y en feedback, de modo que ninguno de nosotros debe ni necesita tener sobre sí el peso de decidir por otras personas. El Movimiento Ciudadano que visualizo no debe ir detrás de uno de nosotros. Mucho menos debe aceptar una propuesta individual como propósito para movernos en grupo. El propósito debe surgir de la propia Ciudadanía, deliberando y consensuando los conceptos gruesos y luego los conceptos finos, con los cuales construir el modelo de sociedad que se siente y se desea mayoritariamente. Así, la convocatoria a generar Movimiento Ciudadano en dirección a la autodeterminación, no debe consistir en un programa acabado de administración o gobierno, pues entre personas adultas, iguales en dignidad, el “deber ser” sólo es legítimo si se construye entre todos.

3)          Transparencia de la gestión administrativa o de gobierno. Estamos tristemente acostumbrados a la opacidad en la gestión de “nuestras autoridades”, de cualquier signo. La sociedad misma -incluyéndonos- contribuye a la falta de transparencia al escuchar y recoger la profusa propaganda de los medios de difusión masiva, que bajo la directriz de las oligarquías normalizan actitudes y conductas que no son naturales, introduciendo usos y costumbres reñidos con la ética o el inefable sentido común. Todo el sistema socioeconómico de la Nación, por ejemplo, descansa en las contribuciones financieras de cada uno de nosotros, impuestas por una normativa legal y técnica hecha de acuerdo al criterio de los muy pocos, en la élite de turno. Sin embargo, quienes efectuamos esas contribuciones impuestas no participamos en el mecanismo de recolección de esos recursos nuestros, ni mucho menos en la forma en que tales recursos serán usados.

De modo que, salvo excepciones muy específicas, un Movimiento Ciudadano para alcanzar la autodeterminación, por su propia naturaleza democrática participativa y responsable, sólo funcionará si mantiene iluminado ante la propia Ciudadanía, hasta el último rincón del sistema de administración.

4)          Participación Ciudadana en todo el territorio. El mapa del territorio chileno ya está  prácticamente definido, a resultas -como en todo el planeta- de los negocios que unos pocos han efectuado en el pasado y hasta ahora, de modo que resulta prudente y necesario remitirnos a esta delimitación territorial para referirnos tanto a la participación como a la representación. Personalmente, considero un grave error el sistema centralizado en que se medio administran los asuntos que competen a los habitantes en toda la extensión geográfica del país. Creo que la forma de administración de la Nación pudiese ser un tema central en el Programa que la Sociedad Civil organizada construya, una vez asumido el desafío de marras y, es un hecho cierto, que un Movimiento Ciudadano para la autodeterminación debe incorporar a la totalidad de la población nacional, sin que la dispersión geográfica constituya un factor a escatimar, en todo proceso organizacional que la Nación se plantee.

Ello implica un desafío mayor, como es ampliamente conocido, por cuanto la generalidad  Ciudadana está acostumbrada a que sean “otros” los que tomen las decisiones por ella y el tránsito desde este statu quo hacia la asunción de la adultez Ciudadana, que importa el hacernos cargo de nosotros mismos, requerirá tiempo y una significativa modificación en la estructura mental de la Nación.

5)          Representación Ciudadana en todo el territorio. Enlazado con el punto anterior, la Participación Ciudadana debiese implicar una correspondiente Representación de la misma, es decir, la representación verdadera que implica la elección de representantes en cada asentamiento humano del territorio, de entre los conciudadanos, de modo de cautelar que estas personas así encomendadas, sólo se deban al mandato de sus pares, por un período prudente previamente consensuado y su gestión esté sujeta al escrutinio público. De este modo, también las personas representantes en áreas mayores del territorio, serán elegidas democráticamente a partir del Programa previamente definido por la Sociedad Civil, para que efectúen las tareas necesarias en función de objetivos consensuados y no impuestos.

6)         Generación de una nueva Constitución. Finalmente, en este breviario, es menester que la Sociedad Civil organice su convivencia nacional en el territorio, a partir de la generación de una nueva Constitución o Carta Magna, que consagre el propósito de la Nación y los principales ejes sobre los cuales se levantará toda la estructura normativa de la vida de las personas en el país, de su sistema económico, de la protección de todos los Ciudadanos, de sus recursos naturales, de su flora y fauna, de sus límites geográficos, de sus relaciones con el resto del mundo y de todo aspecto vinculado a aquél propósito.

Es fundamental para ello, que esta nueva declaración pormenorizada de lo  que  queremos como Nación y de cómo nos proponemos alcanzarlo, ocurra con la participación de toda la   Ciudadanía, amén de  las  consideraciones   metodológicas  pertinentes  que  deberán  ser efectuadas de cara  a  la  población,  la  que  finalmente  aprobará  mediante  una  consulta nacional el resultado final de todo el proceso.

Carlos Ramón.

(del 13/2/18)

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