Partidos políticos o Nación.

La debacle de los partidos es muy buena para la Nación. La luz de la república reclama el término del oscuro predominio oligárquico en nuestro país. 

Hoy Santiago, no sé si celebra, pero cumple 476 años desde su fundación española en ese desdichado cerro…, es decir, aún tiene mucho más tiempo como territorio de la corona española que como capital del joven país, presuntamente independiente.

Poco más de 200 años de Chile lo ubican a comienzos del siglo XXI, con señales inequívocas de que esta vez sus habitantes han cruzado la línea de no retorno, de la consciencia de lo que implica la república, como sistema político -organización Ciudadana- que reconoce la igualdad de los seres humanos en dignidad y en su naturaleza esencial.

La democracia es -en el rango vigente de consciencia promedio- el mejor sistema para organizarnos y determinar el modo en que decidimos conducirnos como Nación.

Y la democracia no existe ni ha existido en Chile, pues jamás la Ciudadanía se ha organizado para generar su propia Carta Fundamental ni ha sido representada por quienes han ocupado los principales cargos de la administración nacional, puestos allí por la élite de connacionales y extranjeros que han detentado el poder temporal desde siempre.

Hoy el diseño de pseudo democracia se le cae a pedazos a esa oligarquía. 

Recordamos el descarado salvataje a la DC en 2001 mediante una ley súper rápida que desnudó el corporativismo de la clase política partidista, tras haber ese partido inscrito mal (?) a sus candidatos al congreso.

Es de público conocimiento que ni siquiera al interior de muchos partidos políticos son sus afiliados quienes determinan lo que su colectivo hará, sino quienes son mostrados como sus dirigentes, los que usan la marca del respectivo partido para abultar artificialmente la importancia de tales decisiones.

En línea con ello, hemos asistido al vergonzoso espectáculo de recientes elecciones internas de partidos políticos donde la participación de sus supuestos “incondicionales” ha sido dramáticamente escasa.

En estos días, a poco de cumplirse el plazo dado a los partidos para transparentar sus registros de afiliados, los signos de terror de esos pequeños clubes -en unos más que en otros- son evidentes.

Han creado nuevos partidos para dar continuidad a su diseño de poder perpetuo y, recientemente, 

llegaron a abusar del SERVEL para facilitar el “refichaje” de sus “incondicionales” mediante el envío por correo electrónico de sus cédulas escaneadas.

Aún así, es un secreto a voces de que algunos de esos clubes no lograrán demostrar que tienen un padrón suficiente de adherentes, es decir, no alcanzarán a empadronar a 18.000 militantes.

¡Despierta Ciudadanía!

Ni sumando todos los militantes “fantasmas” de todos los partidos de Chile, llegamos siquiera al 5% de la población nacional con mayoría de edad. 

Es altamente probable que en Abril próximo, cuando venza el plazo dado para que los partidos transparenten ante la Nación su verdadero tamaño corporativo, aquel porcentaje será aún menor.

Yo soy parte del 95% -y tal vez 97%- de l@s Ciudadan@s de este país, que no soy representado por partido político alguno.

No estoy dispuesto a tolerar que ese puñado de connacionales continúe determinando cómo debo yo vivir.

Un Gobierno Ciudadano es posible y necesario. Abra su mente y deje de tener miedo. 

Considere usted no votar por persona alguna que pertenezca o sea apoyada por un partido político. De cualquier color.

Carlos Ramón.

(del 14/2/17)

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