Necesitamos conversar.

Un desafío mayor para la gente que despierta, es trascender el umbral de la rabia y comenzar a actuar en consecuencia, desde la calma y la profundidad que alcanzamos después.

 

Lo más común es acomodarse a las reglas del juego impuestas por el poder fáctico a través de “las instituciones”, lugar en que se encuentran las personas-masa y quienes se revuelven inquiet@s pero terminan sometiéndose al empuje alienante de aquél.

 

Luego están las personas reaccionarias, aquellas que visualizan y conocen del engaño al que la inmensa mayoría de la población ha estado sometida, y que, resultado de ello, experimentan básicamente una gran rabia contra quienes aparecen como identificables, en cualquiera de las miles de situaciones percibidas como injustas, en la cotidianidad.

 

A fe mía que este segundo grupo es mayor que el primero; es mayor que la masa. De ellos sabemos a diario y cada un@ de nosotr@s solemos ir y venir de este segundo grupo durante parte significativa de nuestras vidas. Una característica de este segundo grupo es el tomar partido…., el atrincherarse una y mil veces, perpetuando la actitud de enemigo ante la cual el 1% -la gran élite mundial- sonríe satisfecha.

 

Veamos: una religión, un partido político, una nacionalidad, una raza, un rango etario, un sexo, un nivel de ingresos pecuniarios, un nivel de educación formal, etc., categorías todas ellas que contribuyen eficientemente al milenario plan elitista de dividir para controlar.

 

Y hay un tercer grupo de personas, en franca expansión, que traspasa aquel umbral, pues se ha dado cuenta, no sólo de la existencia de infinidad de iniquidades -como el segundo grupo- sino también del control que ejerce el poder fáctico a través de la ingeniería social, de las reacciones más comunes e inmediatas de los humanos.

 

Este tercer grupo logra disolver la ira, pues comprende que lo que ocurre “afuera” sólo es posible porque much@s lo hemos estado proyectando desde “adentro”. Construimos en conjunto la realidad que experimentamos y la mutamos todo el tiempo, aparentemente sin control.

 

Una característica importante de este tercer grupo es su fragilidad al sentirse bastante solas las personas que lo integran, lo que lleva a la necesidad urgente y ominosa de conversar. De encontrarnos y generar un ethos grupal. De mantenernos despiertos. De actuar.

Carlos Ramón.

(del 10/2/16)

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