La Ciudadanía no quiere la clase política.

La llamada clase política, es decir, aquel pequeño grupo de compatriotas que siempre se ha arrogado la representación de la Ciudadanía, aún se encuentra sacando cuentas alegres tras las primarias de hace dos días.

Sin embargo, hay al menos dos asuntos que es necesario relevar.

El primero es la ilegalidad de este proceso eleccionario. Si. Ha sido un fraude avalado por toda la clase política y por el SERVEL que, después de todo, es otra oficina más del mismo sistema. Fraude, porque cuando los partidos visualizaron su extrema dificultad para conseguir la reinscripción de sus incondicionales y, por tanto, la inminencia de su desaparición, inventaron en Febrero la maniobra de reinscribir personas con el mero envío de un escáner de la cédula de identidad por correo electrónico, contraviniendo la norma legal que resguarda la debida verificabilidad en el registro electoral.

Y el segundo es que, tanto el Frente Amplio con sus cerca de 330.000 votos, es decir, alrededor de un 2.35% del padrón electoral, como Chile Vamos con sus cerca de 1.418.000 votos, o sea, aproximadamente un 10.17% del universo electoral, NO representan a la inmensa mayoría de nuestra Nación.

Es bastante claro que ambas coaliciones llevaron a las urnas a su respectivo núcleo duro, esto es, las personas afiliadas a sus partidos y a aquellos no afiliados pero muy afines y activos en torno a los dos conglomerados.

Es verdad que se trata de una primaria, pero no cuenta aquello de que es “sólo” una primaria. Ambos sectores habrían deseado arrastrar a muchas más personas, en vez del escaso 1.811.411, asumiendo que los 66.161 votos nulos y blancos puedan atribuirse a errores de los votantes y no a una legítima expresión de rechazo.

En cuanto a la Nueva Mayoría, su gravitación no es muy diferente de lo mostrado por las agrupaciones protagonistas de esta primaria.

La Ciudadanía no quiere la clase política, porque está asumiendo su mayoría de edad, su emancipación. La Nación busca el autogobierno, es decir, prescindir de los partidos políticos y asumir la responsabilidad sobre sí misma, a través de un mecanismo de verdadera democracia, mucho más participativa que representativa, dejando atrás el viejo cuento de “la izquierda” y “la derecha”.

Carlos Ramón.

(del 4/7/17)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s