El aborto es un crimen, busqueños una solución.

Los mismos slogan pro aborto, invitan a reflexionar respecto de las diferencias aparentemente irreconciliables, para alcanzar el tan necesario acuerdo social para proteger la vida. Ambas posturas antagónicas relevan el valor de la vida como argumento, es decir, tenemos la mirada puesta en la distancia, en un mismo propósito.

Algunas pancartas recurrentes pueden ayudarnos a comprender el lugar desde el que se profieren tales frases, y acercarnos así a encontrar juntos una solución, aunque esta misma revisión parezca en lo inmediato generar más animosidad.

Cuando dicen, por ejemplo, “Mi cuerpo, mi decisión”, lo que siento es: su cuerpo, ciertamente, pero no su decisión, pues su condición de mujer no les da derecho a decidir si su hij@ vive o muere.

Si sostienen que la “Penalización del aborto no resuelve el problema”, pienso que es tan cierto como lo es también que aceptar ese crimen tampoco lo resuelve.

Cuando su letrero reza “La Mujer decide”, pienso que ciertamente la mujer -como toda persona- decide todo asunto que la involucre sólo a sí misma. Porque ¿a quién corresponde decidir sobre la vida o la muerte de otro ser?…, aunque sepamos todos los días que fulano decidió matar a merengano, en las cuatro esquinas del mundo.

Que “El Estado garantiza, la Iglesia no interviene”. Pues Chile es un Estado laico y las iglesias son sólo una parte de la sociedad que, teniendo su postura al respecto, no representan a quienes abogamos por el respecto irrestricto a la vida, que es lo que el mismo Estado garantiza.

“Si los hombres parieran, el aborto sería ley”, tal vez podría ser así, pero la discusión estaría dada igual que ahora, entre quienes defendemos la vida, a todo evento, y quienes la relativizan.

En cuanto a vuestro lienzo que dice “Los médicos que denuncian a las mujeres por aborto violan los derechos a la confidencialidad y a la vida privada consagrada en la constitución”, convendremos en que los médicos tienen la misión de mantener vivas a las personas, y el derecho a la vida consagrado en la constitución es superior al derecho a la confidencialidad y a la vida privada.

Levantaron ustedes otro que dice “La penalización del aborto viola la convención contra la tortura”. No puedo menos que pensar en la dolorosa paradoja que ello encierra, como si la tortura y el asesinato de un bebé no contase. 

No me molesta que me endilguen los epítetos de “conservador”“arcaico” o “Ignorante” cuando se trata de proteger la vida de todos los seres humanos y, por cierto, el eufemismo de “interrupción voluntaria del embarazo” significa asesinato de un ser humano, antes de nacer.

Concedo que en mi condición de hombre no me es posible ponerme en el lugar de una mujer, sin embargo, si de verdad queremos como sociedad hacernos cargo del drama del aborto y de las miles de mujeres afectadas, entonces no debe nuestra legislatura ni el gobierno de turno incurrir en el facilismo de la “solución final”, parafraseando a los jerarcas de la Alemania nazi.

La Administración del Estado tiene la obligación de proteger a todos/as sus ciudadanos/as, y creo comprender algunos de los argumentos de las personas pro aborto -movidas por la rabia y la desesperación de verse discriminadas y abandonadas- puesto que los mismos son legitimados por aquella, que se hace así cómplice de este crimen, debido a la vergonzosa insuficiencia de protección a la mujer.

Es menester legislar y, de sobremanera, implementar los recursos institucionales suficientes para proteger a toda mujer que -por la razón que sea y en uso pleno de sus facultades- no desea al/a hijo/a que trae en su vientre. Es preciso garantizar el apoyo efectivo a esa madre y a ese/a niño/a, de modo de mitigar su angustia y entregarles todo el cuidado necesario para llevar a buen término el embarazo y, en su momento, respetar la decisión que ella finalmente tome de entregar ese/a bebé para una adopción que le provea un entorno familiar adecuado, o reconsiderar su rechazo de primera instancia, resolviendo aceptarle y hacerse cargo de su hija/o, dando así continuidad natural a su maternidad.

Carlos Ramón.

(del 4/3/16)

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