¿Asesinar bebés es progresista?

En estos días, la coalición que gobierna la nación chilena está inquieta, entre tantos otros asuntos, porque uno de sus clubes integrantes, el Partido Demócrata Cristiano, ha decidido dejar en libertad de acción a sus correligionarios/as que ocupan un escaño en el Parlamento, en relación a la votación del proyecto de ley que pretende despenalizar el aborto o interrupción del embarazo, si es practicado por alguna de tres causales, a saber, violación, inviabilidad fetal y por riesgo vital de la madre.

He escuchado toda clase de argumentos a favor de esta iniciativa legal:

Que Chile es casi el único país que aún penaliza el aborto.

Que es tiempo de modernizar a la sociedad chilena o que ésta debe estar a la altura de los tiempos modernos.

Que las mujeres son libres de hacer con “su cuerpo” lo que les venga en gana.

Que una mujer no tiene porqué aceptar la gestación de un/a hij@ no desead@.

Que las mujeres pobres son las más afectadas, pues las mujeres de clase acomodada abortan en condiciones  mucho más seguras. Etc.

He sabido de marchas y desfiles de mujeres, convencidas y empoderadas, proclamando su “derecho a abortar” y vociferando en tono amenazante a quien pretenda conculcar ese presunto derecho, así como de organizaciones femeninas que esgrimen como argumento a favor del aborto algunos de los más extremos y dramáticos casos de embarazos no deseados, empujando la consciencia de quien quiera escucharlas, hacia su causa.

Para mi, que abrazo el Principio Biocéntrico como paradigma organizador de la existencia, la VIDA es un milagro, no sólo en el momento de la concepción, o del embarazo o del nacimiento, sino en cada instante de la misma, y ello cuenta para los seres humanos y para toda creatura sintiente.

No hay manera de reducir el fenómeno central de la vida a definiciones del derecho positivo y sus correspondientes articulados. Todo intento de acotar la vida a sistemas conceptuales de cualquier índole es falaz y perennemente insuficiente.

Tras el milagro de la gestación, no existe consideración ni circunstancia que pueda ser más relevante que ese hecho, por tanto cualquiera que sea alguna de éstas que aparezca en función de lo primero, siempre habrá la manera de viabilizarla, respetando el derecho natural, inalienable e irrenunciable a la vida.

Discutir acerca de asesinar a un/a niñ@, nacid@ o no nacid@, es tan absurdo para quien tiene su consciencia suficientemente desarrollada, como lo habrá sido para nuestros ancestros más antiguos, pretender ser dueños de la Tierra, cercándola y registrando un pedazo de ella a nombre de una persona.

Porque eso es el aborto: asesinato de un/a niñ@. Asesinato del/la propi@ hij@.

Ciertamente, es menester mejorar nuestra legislación y administrar con eficiencia las instituciones que permitan y garanticen el acceso de toda persona al cuidado, la salud y la educación. Ciertamente estamos todavía lejos de conseguirlo, pero nadie es inocente en la demora inconcebible de un desarrollo humano semejante. Por acción o por omisión. Tenemos mucho por hacer, cada un@ de nosotr@s, cualquiera sea el tamaño de su contribución, pues nadie sobra y el aporte de cada un@ en la consecución de una sociedad justa es relevante.

Carlos Ramón.

(De Julio 29 de 2015.-)

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